Editorial

Injusticia en la redistribución

El desequilibrado uso de ingresos derivados de actividad empresarial y de recaudaciones fiscales ha tenido en el Estado a un propiciador por negligencia, complicidad o indiferencia; que no yugula las evasiones y exenciones improductivas ni imprime calidad a la inversión.

Vale como buena política que el presidente Luis Abinader considere prioritario gastar con buen sentido en vez de cohibirse.

Procede no incurrir en más pagos de altos sueldos injustificados, ni mantener duplicidades onerosas consumiendo improductivamente presupuesto; suprimiendo la adjudicación de obras y servicios lesivos al Erario. Impide llenar carencias vitales el uso desviado o deficiente de los dineros del pueblo.

Así se colocaron minorías en abundancia mientras se paralizaba la rehabilitación de decenas de hospitales incluyendo el José Maria Cabral; al tiempo de impedir que ayuntamientos jugaran buen papel.

Si la Seguridad Social no alcanza para los más pobres, el deterioro de centros asistenciales por demoras eleva la mortalidad y resta calidad de vida por enfermedades.

El uso inapropiado o mal intencionado de la hacienda pública puede hacer faltar agua potable en comunidades, así como caminos vecinales en zonas agrícolas; llevar escuelas a escasez de materiales y baños y dejar a servidores públicos de baja categoría sin salarios justos. Es este un país con escasas atenciones primarias mientras abundaron sueldos y pensiones millonarias.

Entre lo jurado y lo perjurado

El que hizo la ley hizo la trampa, se ha dicho, y tales artificios, como es lógico, suelen tener origen en el poder.

Solo los políticos legislan y luego les toca la aplicación de lo legislado; y se ha visto que en la mezcla de mansos y honrosos servidores con otros que son cimarrones han de aparecer personajes urgidos de ocultamiento. Las declaraciones juradas de bienes como institución para disuadir del enriquecimiento ilícito tiene sus vulnerabilidades.

El testaferrato, la falsedad en escritura a cargo de expertos de primera línea y los paraísos fiscales son aprovechables para colocar haberes fuera de la mirada que ausculta de auditores.

Pueden dar apariencia angelical a cualquier villano de osadía y de talento para el encubrimiento. Una tenacidad detectivesca se necesitaría para llegar al trasfondo de algunas gestiones.

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