Editorial

Ir a las causas de accidentes

La fatalidad en el tránsito muestra aguda concentración en lugares específicos. El viajero tiene mayor posibilidad de sufrir percances en determinados tramos de carreteras troncales y secundarias delatadas así por estadísticas bien llevadas. Lo mismo hacia el Este, el Sur o el Norte. El segmento de ruta Bani-Azua incluye kilómetros letales y las autopistas que conectan con Samaná y Punta Cana reflejan mayor riesgo para autobuses que otras rutas. Así como la pobreza está expresada mediante mapas de densidad poblacional en penurias, la mortalidad en el transporte puede ser resaltada con líneas y puntos en rojo sobre el territorio nacional.

En sentido general las carreteras dominicanas están pobremente vigiladas. No se aplica sanción sistemática a violaciones por excesos de velocidad, consumo de alcohol, temeridades y mal estado de vehículos. A pesar de que los accidentes cuestan aquí más vidas que en otras partes, choferes y conductores pueden acumular faltas sin quedar prohibidos a guiar. Escasea la acción penal por conductas homicidas con instrumentos motorizados que pueden ser tan mortíferos como los de fuego. Las carreteras de diseños que propician choques y vuelcos, o carezcan de la señalización que corresponde deben ser intervenidas para reducir su peligrosidad. La alta mortalidad en el tránsito necesita de acciones integrales para enfrentarla. Nada ha cambiado últimamente para lograrlo.

Descrédito de las limosnas

El uso de recursos del Estado en la competencia electoral (que no puede manifestarse únicamente en la dadivosidad que coloca las almas de los pobres en subasta) ha concitado por esta vez unos rechazos de intensidad formidable. La sociedad está sensibilizada contra posibles abusos e ilegalidades que conecten al Erario con las luchas por el poder. Con su desafortunada actitud contra periodistas, la directora del Plan Social de la Presidencia contribuyó al relieve alcanzado por este mal persistente. Los pronunciamientos de la alta jerarquía católica, con dos obispos y un arzobispo criticando el pasado fin de semana la obsequiosidad oficial en tiempos de campaña, expresan lo sensible que está la sociedad contra toda forma de procurar simpatía seduciendo a las personas más necesitadas. Dándole utilidad política a la pobreza en vez de combatirla.

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