Opinión

Juan Ramón Ventura: ¿la noveleta de Nelson Cerda?

Por Rafael A. Escotto

A los poetas P. Rodriguez, Luis José Rodriguez Tejada y a mi gran amigo Ronald Hellman, colega abogado judio-estadounidense.

«Es necesario emplear el término noveleta para nombrar textos de cierta extensión. Es absurdo llamarle cuento a un texto de 80 páginas, también es ridículo catalogarlo como novela, y es obvio que tampoco se trata de una novela corta.» Daina Chaviano.

Por razones de exceso de trabajo no había podido escribir este artículo sobre el libro «Héroes del Barrio», de la autoría del abogado y escritor santiagués Nelson Cerda. Para iniciar mi comentario me propuse caminar las calles y callejones interiores del libro para trasuntar sus misterios y atrapar en mi imaginación los héroes del barrio o aquel personaje cuyas acciones una vez lo convirtieron en idolo.

Al entrar por la primera puerta de la obra me encontré con el autor metafóricamente parado con una tristeza profunda en su rostro, mirando fijamente el cadáver, como si fuera él mismo tendido sobre unos pastizales al descubierto al borde de un rústico camino, con la boca abierta, el cuerpo sangrante, con un fusil al costado y el dedo indice todavía estaba en el percutor.

El autor del libro se veía asimismo en aquel cuerpo inerme con un balazo en el pecho y al despertar espantado de aquella visión reconoció al guerrillero del barrio llamado Juan Ramón Ventura que se habia ido a la montaña desilucionado y enfadado por la miseria social en la que se debatía el barrio, sin esperanza y con un dolor recóndito y su mente en desolación por no poder cambiar aquel curso de la vida de la barriada.

Es posible que la decisión del guerrillero de irse a la montaña haya sido el acto de una juventud de fusilar ideas que ardían en el fuego de las pasiones de una adolescencia que quería experimentar hazañas ajenas o de un sistema que lo empujaría. Dice el autor, en un afan de reproducir en el libro el pensamiento de Juan Ramón Ventura, que su intención «deambulaba hacia extraños rincones donde habitaban las pasiones no realizadas, las ilusiones derrotadas, las esperanzas fallidas, la ausencia de los seres queridos, el vacio.»

Nos parece viable la audacia creativa de Nelson Cerda de llevarle al lector, – en un intento de ejercicio de razonamiento deductivo sobre lo que pensaba Juan Ramón Ventura, encaramado en uno de los rincones de sus ilusiones guerrilleras, que este héroe del barrio había «despertado del sueño de vivir, hecho sombra entró en el túnel del viaje sin retorno, la delgada lámina de luz que era su alma; se resistia.»

En este razonamiento el autor pretende penetrar, quizás sin querer, en las bases del pensamiento contemporáneo de Sócrates, Platón y Aristóteles, extrayendo conclusiones, partiendo de concepciones o de premisas previas, conocidas o que se la contaron, que le sirven de sustento a su libro, como son sus experiencias en uno de los barrio donde vivió el guerrillero Juan Ramón Ventura.

El escritor Nelson Cerda hace un manejo de aproximación de la utopía en su obra «Héroes del barrio», la cual tratamos de examinar en este trabajo. Lleva al acucioso lector a navegar sobre las olas erguidas del libro del abogado y filósofo inglés Sir Thomas More, titulado Utopia, publicado en 1516, que describe una sociedad insular ficticia en el sur del Océano Atlántico frente a las costas de América del Sur.

En el libro Héroes del barrio encontramos lo fantástico en una especie de conjunción comprimida de ideas innegables retrotraídas por el autor de un pasado emocional de una niñez llena de pereplejidades y golpeada, a otra época menos trémula no obstante llena de pasiones por realizar:…«los recuerdos de la infancia» de los cuales no quería despedirse Juan Ramón Ventura por sentirse atado a sus emociones y a sus sensibilidades ante la tragedia humana. La sensinsibilidad es algo genético que garantiza la supervivencia, pero también hay espiritus insensibles en todas las sociedades, pequeñas y grandes, desarrolladas o subdesarrolladas.

En este obra nos encontramos con algunos serpenteos innecesarios sobre crónicas de personas del barrio que en vez de enriquecer la ficción de Juan Ramón Ventura distraen al lector de la historia fundamental del personaje principal de la obra, salvo que fuese una estrategia del autor.

En su afán por precisar la fuerza de la historia del barrio a Nelson Cerda pudo haberle pasado como le sucede a algunos novelistas que al incluir un número excesivo de personajes en la novela no pueden contener los brios de algunos de los protagonistas y se escapan de la narración. Sin embargo, a pesar del exceso de protagonitas pude darme cuenta en mi lectura que el autor se notaba sudoroso chocando con otras noveletas y la década el 1970, pero aún con el estrés que le debió causar esta ficción sobre una amarga realidad, pudo finalmente moderar los arrebatos y el temperamento emocional de los personajes.

Según me contaron, el dia de la presentación de la obra en Casa de Arte, el escritor y abogado Ubaldo Rosario describió en el contexto de la novela historica, los defectos de los personajes del Héroes del barrio, con o sin razón, no voy a tocar en este artículo esa parte ya tratada.

Pienso que rechazar un ensayo ficción un tanto tolerable como Héroes del barrio, sería un error. Guardando la distancia, la novela «La colmena» , un clásico de la literatura española, uno de esos tremendismo de Camilo José Cela, escrita cuando España comenzaba a salir del aislamiento de la postguerra y cambiaba sus estilos de vidas, no hubiese sido permitida su publicación durante la Guerra Civil Española por los tabúes sexuales de la novela.

Volviendo de lo internacional a lo local, debo advertir el hecho penoso de que la llamada aristocracia santiaguesa hace tiempo que no escribe de nada importante y dejó, por asi decirlo, una escasa herencia intelectual, por lo que en ausencia de genuinos representantes de esa clase, el espacio escritural tuvo que ser ocupado por escritores y poetas sin aparente prosapia social.

Hacemos la critica anterior alejado de cualquier asunto sectario. Sin embargo, no podemos olvidar que la literatura tiene clase social no solamente por la influencia que tiene ésta en la lectura, sino por otros factores. En un trabajo calzado con la firma de la psicóloga española Cristina Dominguez, refiriéndose a una encuesta británica, esta escribe:…«el 85% de las personas con un nivel socieconómico alto aseguraron que leer les hacía sentir mejor, algo que solo ocurría con el 69% del otro grupo. Eso sí, el estudio deja claro que aunque los datos muestran que se tiende a leer más cuanto más alto es el nivel social, haría falta una investigación más profunda para determinar causalidad.»

Entiendo que la noveleta de Nelson Cerda además de ser un ensayo ficción, tiene cierto peso de crítica social que deriva y se desprende del retrato de los males o deficiencias sociales tan evidentes desde la dictadura de Trujillo y en boga aun en la sociedad digital. El autor trata a duros golpes de experimentar con los elementos tradicionales de la narrativa: el narrador, el espacio, los personajes y el tiempo. Recoge las preocupaciones sociales y abandona la visión existencial de la época de las castas sociales y privilegización de la lectura de lo cual habla la psicóloga Dominguez en el párrafo anterior.

En este comentario sobre Héroes del barrio debo señalar que el ensayo ficción no llega a la categoria de la novela propiamente dicha; es más bien una noveleta lo que a escrito el amigo Nelson Cerda, como en alguna ocasión lo hizo Máximo Vega o Pedro Valdez, este último mejor acreditado. Otro aspecto que noté en la obra de Cerda es que no tuvo ese reposo que debe poseer toda novela; al parecer el autor estaba muy apurado en su publicación y se deslizó muy rápido por una pendiente que al final le quitó fuerza a la historia que trató de transmitir al mezclar muchos ingredientes y la crónica o noveleta se siente muy saturada. No obstante, consideramos encomiable su esfuerzo y creatividad.

Cuando en este exámen hablo de noveleta no trato de ninguna manera de menospreciar a Heroes del barrio. En un interesante trabajo de la escritora cubana Daina Chaviano titulado: Noveleta: el género olvidado, ella nos cuenta sobre sus experiencias con este género al leer el prólogo de 10 noveletas famosas del escritor de cuentos, ensayista y novelista cubano Antonio Benitez Rojo, fallecido en 2005.

Lo cierto es que Daína se sintió fascinada con esta clase de novela. Veámos cómo nos lo dice ella con sus propias palabras: «Esas lecturas me revelaron la existencia de un género del cual sabía poco. Me dediqué a buscar ―y encontré― nuevas muestras de él, a veces publicadas de manera independiente; otras, como parte de antologías de relatos. Nunca me defraudaron. Por el contrario, parecía como si su extensión fuera la idónea para narrar. Por su longitud peculiar, la noveleta incluye lo mejor del cuento y la novela. más que una innecesaria repetición envuelta en una aparente, e ingenua, modernidad.»

Continua explicando la escritora cubana sobre la noveleta: «Por un lado, permite adentrarse en la psicología de los personajes de una manera que el cuento, por su brevedad, no admite. Los personajes deben ser descritos con pinceladas rápidas y escuetas; no hay posibilidades de redondear aristas o arrojar más luz sobre rincones apenas esbozados.»

Leyendo un trabajo del escritor español y novelista Alex Chico titulado ¿Qué es una novela de ensayo ficcion? este comienza preguntándose: «Qué significa escribir, qué forma empleamos para hacerlo, qué tipo de intuiciones o de censuras o de riesgos ponemos en marcha. Cuando reflexionamos sobre todo eso, traemos de vuelta ejemplos, novelas de autores clásicos o contemporáneos, poemas de escritores actuales o perdidos en la noche de los tiempos, ensayos recientes o compuestos hace siglos. Es decir, reflexionamos sobre la historia de la literatura, porque únicamente de esa manera llegamos a entender si eso que escribimos aporta algún tipo de novedad.»

En la interpretación de Héroes del barrio se me ocurre traer una frase de Ortega y Gasset, con la esperanza de que su mensaje sirva, junto con el estudio de los clásicos que nos enseña a aprender los mitos fascinantes de los antiguos griegos: «Solo cabe progresar cuando se piensa en grande, solo es posible avanzar cuando se mira lejos.»

Me apresuro a sugerir, finalmente, a propósito de este artículo, que en algunos centros culturales del país y otras instituciones debe leerse y escucharse con más apertura. «Mientras no cambien los dioses, nada ha cambiado (1986) del escritor italiano fallecido en Madrid, España, Rafael Sánchez Ferlosio. No esta demás decir, y no lo digo por Oisoe, sino por otras debilidades de la judicatura que circula sobre algunos mitos, bajaderos, triquiñuelas que afectan el debido proceso no obstante tocar el sonajero de una aparente legalidad. Sin duda es una cultura que arrastra la pobreza del ser de carne y hueso y que pasaba en los años del personaje Juan Ramon Ventura (Payero Ulloa), de otra manera.

Tengo que repetir: Mientras no cambien los dioses, nada ha cambiado. Seria a partir de esta lectura cuando esa visión incorrecta y socialmente apurada que se presume se encuentra además en algunos escritores, y sectores fácticos; por lo menos en Santiago de los Caballeros, deberia borrarse esa pobreza espiritual que todavia se sostiene agarrada del débil hilo de una idea rezagada en el tiempo y a veces en el discurrir persecutorio de actores dolidos por el señalamiento que excepcionalmenmte se le hace a pequeños y falsos dioses terrenales y pobres mitos.

Yo le diría a Juan Ramon Ventura en nombre de la República, cuán letrada es la vida en el prólogo de la simulación solemne. Héroes del barrio es un ensayo de ficción a la interperie de un fuerte episodio de la historia dominicana y por qué no, del silencio de la realidad social de la história presente. Tal vez por eso Playa Caracoles es un caso cerrado y está en las afueras de la sociedad abierta que soñó K. R. Popper.

No es el sargento Jhonny Marty, personaje no defectuoso de Héroes del barrio, un soldado verdaderamente instrumento de la superestructura, quien dijo: Quiero asomarme al mundo como quien se asoma a una collección de tarjetas postales. Evita Duarte.

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