Opinión

Jubilarme, retirarme, ¿pensionarme yo? (y 2)


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Fausto García

“El hombre que oculta su pasado se niega a sí mismo”. (Fausto García)

Por tanto, creo que el hombre ha de ser como el árbol, o sea, dar fruto mientras este de pie, y aun cuando caiga, pues el árbol ya caído, y que por ende se seca, sirve como leña para el fogón y hacer el buen sancocho, o cuando no, azar a la leña un rico lechón. Pero todavía más, pienso y creo que la vida del hombre no termina cuando se convierte en leña para tales fines, sino que, en caso de no servir para leña, sirve como abono natural u orgánico cuando se desintegra o se pudre.  Y vaya usted a ver como la vida de ese árbol, ese hombre, se prolonga en el tiempo de manera inagotable, pues su reproducción se multiplica tanto como las arenas del mar, aunque no la veamos. Pero todavía más, y excúseme la repetición del pero, pero aun en el caso de ser usado como leña tampoco termina la vida del árbol, del hombre, pues una vez llegando a convertirse en fuego y encender las llamas del momento, llega el tiempo en que solo quedan las cenizas, pero resulta, que estas cenizas también se convierten en abono para las plantas, y también allí se prolonga interminablemente la vida del árbol, la vida del hombre.  Así veo y concibo la vida del hombre, como la de un árbol, dar fruto hasta estar de pie y aun luego de haber caído por la razón que fuere (descomposición natural o ceniza) servir como abono de la vida, sí de esa vida, que se esa manera se hace imperecedera, amén de la vida eterna de que nos habla Jesús y su Evangelio.

Además de los anteriores, hay otro aspecto que dificulta tomar la decisión del retiro, y es la vocación por el oficio o profesión que desempeñamos. Creo que es claro lo de que los oficios, artes o profesiones que desempeñamos, unas las hacemos por simplezas u obligaciones, y otras las hacemos por vocación. En el caso de los maestros y profesores, también de muchos médicos, hemos oído decir varias veces, que lo son por vocación. Cuando es la vocación que anima la profesión u oficio se hace difícil abandonarla para retirarse o jubilare porque si, aun hayan llegado los años, y lo es porque la vocación en la rama que sea del ser humano, va impregnado a este como un sello gomigrafo, lo que equivale a decir que esa persona nació o llegó a vivir y capacitarse para tal o cual oficio, y por tanto, abandonarlo se hace cuesta arriba, cuando sabe, que aunque ha habido, hay, y llegarán otros que por igual lo harán, posiblemente mejor que él, el espacio que él llena en la vida de otros al ayudarles a resolver sus problemas (cual que fuere) le hace aferrarse a ese servicio, a esa vocación, como hiedra a la pared. Parodiando a don Alberto Cortes, cuando se tiene la vocación es como decir, “cuando una profesión se va queda un tizón encendido, que no la puede apagar la llegada de otra vocación…de otro amigo”.

Habiendo ya pensado en escribir estas líneas, es decir, teniendo el título, el viernes19 de julio de 2024, estando en la iglesia escuché con mucha atención la primera lectura, (culto católico) del libro del profeta Isaías (38, 1-6. 21-22. 7-8).  Ya en la casa volví a releerla y al hacerlo la ponía de frente a las anteriores ideas y me sumergía en ese océano tan real, con el cual les dejo y espero que cada uno saque sus propias conclusiones y tome su sabia decisión respecto de cuando jubilarse, pensionarse o retirarse si es que así lo decide. Aquí les va:

“En aquel tiempo, el rey Ezequías enfermó de muerte y vino a verlo el profeta Isaías, hijo de Amós, y le dijo: “Esto dice el Señor: ‘Arregla todos tus asuntos, porque no te vas a aliviar y te vas a morir’

Ezequías volvió la cara hacia la pared, oró al Señor y dijo: “Acuérdate, Señor, de que te he servido con fidelidad y rectitud de corazón y de que he hecho siempre lo que a ti te agrada”. Y lloró con abundantes lágrimas.

Entonces el Señor le habló a Isaías y le dijo: “Ve a decirle a Ezequías: ‘Esto dice el Señor, Dios de tu padre, David: He escuchado tu oración y he visto tus lágrimas. Voy a curarte y en tres días podrás ir al templo del Señor. Voy a darte quince años más de vida. Te libraré de la mano del rey de Asiria a ti y a tu ciudad, y protegeré a Jerusalén”.

Dijo entonces Isaías: “Traigan un emplasto de higos y aplíquenselo en la llaga para que se alivie”. Y Ezequías dijo: “¿Cuál es la señal de que podré ir al templo del Señor?” Respondió Isaías: “Esta será para ti la señal de que el Señor cumplirá las cosas que te ha dicho: voy a hacer que la sombra retroceda los diez grados que ha avanzado en el reloj de sol de Ajaz”. Y el sol retrocedió los diez grados que había avanzado.”faustogarcia2003@yahoo.com

 

 

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