Editorial

Juicio a Trump

Son lógicas las expectativas y hasta las apuestas sobre el juicio político al presidente estadunidense Donald Trump. Es un caso de mucha importancia como para no captar la atención del mundo, tomando en cuenta que el proceso es contra el gobernante de la que, hoy por hoy, constituye la primera potencia mundial al menos en el plano económico.

El proceso va mucho más allá de las intrigas entre demócratas y republicanos de cara a las elecciones de noviembre próximo.

Trump, tan dado a banalizar los conflictos, ha tenido que tomar en serio el impeachment del que puede salir airoso, por el dominio de sus huestes en el Senado, como destituido del cargo.

Ha contratado prestantes abogados para que lo defiendan de la acusación de abuso de poder, así como de obstrucción del Congreso en la investigación para establecer su responsabilidad en las condiciones que habría puesto a Ucrania para desembolsar una ayuda económica. Con todas las cartas sobre la mesa, en el proceso no se puede descartar nada.

Los abogados del mandatario no tardaron en entrar en acción al tachar de amañada la investigación y pedir al Senado que acabe rápido con el juicio. Sin embargo, ha llamado la atención que los letrados enfatizaran más en presentar los cargos como defectuosos que en negar las aparentes violaciones que representan las presiones económicas.

Estados Unidos ha sido una gran potencia por su desarrollo tecnológico, industrial y económico. Pero también por la fortaleza de sus instituciones. La nación se ha sobrepuesto al asesinato de cuatro presidentes, así como a atentados contra otros gobernantes, sin padecer crisis. Al margen de otros factores la preservación del sistema está en el trasfondo del proceso contra un mandatario cuyas acciones, en muchas ocasiones, han dejado la sensación de apoyarse más en lo emocional que en el orden establecido.

El juicio al presidente de Estados Unidos entraña también un mensaje para los gobernantes de estos países, para quienes las leyes existen a conveniencia de sus intereses o ambiciones personales. Por aquí se insiste en que la fragilidad del sistema institucional, muy a la vista en grandes escándalos sin sanciones, ha sido de los principales causantes de la impunidad y muchos males que lastran el desarrollo económico y social.

Sobreviva o no Trump al impeachment, el proceso dejará una gran marca en el ejercicio del poder en los regímenes democráticos. No es otra que el peso de las instituciones, que en Estados Unidos están representadas por el establishment. Y que el poder de un gobernante está limitado a las leyes.

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