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Juicio, condena y crucifixión: el día en que todo pareció terminar para Jesús


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Aquel no era el final de Jesús. Era el inicio de algo que cambiaría la historia.

Santo Domingo. – Tras el arresto de Jesús, todo parecía haber llegado a su fin. Aquel hombre que muchos veían como el gran libertador de Nazaret había caído en desgracia y estaba solo, sin nadie que lo defendiera.

De acuerdo con los evangelios, las autoridades mandaron tomar preso al nazareno tras llegar a un acuerdo con uno de sus discípulos, Judas Iscariote, a quien le habrían pagado 30 monedas de plata (30 siclos: 432 gramos) para entregarlo.

La noche que lo apresaron se encontraba orando en un monte junto al grupo de los doce, incluido Judas.

Luego de eso, lo llevaron primero ante Anás, porque era suegro de Caifás, que era sumo sacerdote ese año.

Caifás era el que había aconsejado a los judíos que convenía que un hombre muriera por el pueblo.

Incluso los suyos terminaron por dejarlo solo

Todo se volvió en su contra, desde la muchedumbre que lo aplaudía con júbilo y que ahora presionaba en su contra, hasta la negación de uno de los discípulos que decía quererle y que daría la vida por él, Pedro, quien terminó negando conocerlo tres veces.

A pesar de que, antes de entrar a Jerusalén, les había advertido todo eso, sus discípulos no recordaron nada de lo que les había advertido.

Desde ese primer interrogatorio en casa del sumo sacerdote, comenzó la vejación y maltrato físico y verbal contra Jesús.

Pilato se lavó las manos ante el pueblo condenando a un inocente

Luego de ser interrogado por el sumo sacerdote, el apresado fue llevado ante el gobernador, Poncio Pilato, quien lo interrogó ante las autoridades religiosas.

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