Opinión

La barba que cambió el futuro de Gonzalo

Por: Rafael A. Escotto

«La expectativa excesiva es el camino más corto hacia la frustración». Martha Madeiro

En la medida que arrecia y se aproximan los días de las elecciones presidenciales y congresuales el fuego de la calumnia entre los contendores políticos se vuelve más ardiente sin ser el fuego espontáneo de un vertedero en tiempo de coronavirus.

¿Qué hace que los dimes y diretes o réplicas y contrarréplicas entre facciones políticas se conviertan en rivalidades apasionadas envueltas en las humaradas de un debate electoral insípido?

Hay tres elementos que provocan incendios verbales en la política: (a) La aproximación del «día D» de las elecciones presidenciales. (b) Cuando la sumatoria de los números de los candidatos es deficitaria y preocupante. (c) Cuando los candidatos se crean falsas expectativas de triunfos.

Vamos a comenzar analizando el último principio, o sea, la falsa expectativa con una interrogante: ¿Cómo se siente usted cuando los resultados no van ocurriendo como esperaba?

Esta pregunta me lleva a la leyenda mitológica de Pigmalión, rey de Chipre, en la obra del dramaturgo y activista político irlandés George Bernard Shaw. También Pigmalión aparece como escultor en la poesía narrativa Metamorfosis, de Ovidio. Pigmalión buscaba una esposa cuya belleza correspondiera con su idea de la mujer perfecta. Al no darse lo que deseaba decidió no casarse y dedicar todo su tiempo y amor que sentía dentro de sí a esculpir una estatua de mujer con rasgos perfectos y hermosos, a la que llamó Galatea, tan perfecta y tan hermosa que se enamoró de ella perdidamente.

Esto explicaría la expectativa que sienten los candidatos por esa dama hermosa y atractiva que se llama la Presidencia de la República. Cuando se cree que está lejos de conseguir a su amada aparece la decepción que sufrió Pigmalión. Cuando aseguramos que cierta circunstancia va a producir un resultado negativo nosotros mismos nos encargamos de que esto sea así, es como si nuestro pensamiento se dirigiera hacia ese resultado y orientamos todas nuestras acciones en ese sentido.

Parece que existe en el PRM una sobreestimación que le hace cantar victoria antes de terminar el certamen electoral. Dice el teólogo y filósofo español Manuel Fraijó que cuando Nietzsche expresó «Dios ha muerto» en su obra El alegre saber la confirmación de la muerte de Dios ha pasado a ser patrimonio de Nietzsche. Pero no hay triunfalismo ni euforia en el anuncio nietzscheano. Muerto Dios sonaba la hora del desierto, del vacío total, del nihilismo completo; se esfumaban los valores absolutos y la ley moral universal.

Toda la agitación que está desplegando el ala estratégica de Luis Abinader parece ir por el camino de dar la sensación en la población de que su triunfo es inminente cuando real y efectivamente parece que ha habido un descenso en el nivel de simpatía de su candidatura, declinación que preocupa. Por lo que el PRM ha decidido emprender una guerra psicológica de ataques para desmoralizar moralmente al enemigo (PLD) por medio de propagandas y acciones hostiles.

Sin embargo, los estrategas electorales y los creadores de imagen del PLD han concebido una nueva marca o identidad: Gonzalo Castillo con una barba. ¿Qué significa un hombre con barba? Significa sabiduría, madurez, tranquilidad y que gusta resolver problemas. Además, es una persona que pone en marcha las ideas que harán alcanzar el éxito. Todas estas características definen la personalidad de este candidato.

Esta creatividad tan genial ha causado una conmoción en el seno del PRM. Porque aunque usted no lo crea, la candidatura de Gonzalo Castillo ha repuntado hasta el grado que si las elecciones fueran hoy mismo hubiera o un empate técnico entre ambos candidatos o un ganador en el campo del PLD. El coronavirus le ha permitido a los dominicanos aprender a diferenciar entre el humo de Duquesa y de Rafey las virtudes de Gonzalo y las de Luis.

Cuando usted oye la voz del obispo Víctor Masalles casi clamar, como hicieron los hijos de Israel, por un cese del Gobierno de Danilo Medina el 16 de agosto, está metido en política partidista, por lo que ese ruego no sube a Dios como en Éxodo capítulo 14 versículo 10. Dice la Biblia en Jeremías capítulo 33 versículo 3 que los que esperan recibir las comodidades de Dios hay que recurrir a Él.

Clamar viene de la palabra hebrea «cará», que significa acosar a una persona. Es lo que el obispo Masalles más desearía. Dios le dijo a Jeremías «clama a mí, aflígete ante mí, gime ante mí, insiste sin desistir ante mí y yo te responderé y no solo te voy a responder, sino que también te enseñaré cosas grandes, y cosas que te son ocultas, y que tú ni siquiera imaginas conocer».

Yo no estoy en política, solamente veo cosas desde mi tabernáculo sacro. Empero, de una manera u otra las circunstancias nos obligan a ponernos la túnica de misionero para defender las causas que ocultamente llevamos debajo de la capa mágica, la que estaba junto al santuario en el juego de acción «La leyenda del Zaida», publicada por Nintendo en 1991.

Puedo confesarme (¿?) que no estoy en política partidista ante el obispo Víctor Manuel Masalles Pere, en el locutorio de la iglesia de Bani o con monseñor Francisco Ozoria Acosta, en el confesionario de la arquidiócesis católica romana de Santo Domingo, sabiendo que la oración del justo es poderosa y eficaz, como aparece en Santiago capítulo 5 versículo 16.

Las recomendaciones o consejos constitucionales emitidos fuera del confesionario —asumo yo — por el obispo Víctor Masalles me obligan a leer por segunda vez la novela El otoño del patriarca, de Gabriel García Márquez, porque he comenzado a escribir una noveleta política titulada «Después del diluvio», quizá en un año la pueda terminar. Luis José Rodríguez diría: «La escribirá en menos tiempo».

En esa novela de ciencia ficción habrán actores principales y secundarios y estarán los enajenados después de las elecciones y, como es natural, no dejaran de aparecer androides con ovejas eléctricas, como en la pelicula de Ridley  Scott y un grupo de haitianos frutrados gritandole a obispos y a monseñores desde el otro lado de la isla porque no lograron la unificación deseada. Habrá también un escenario y una trama, el desenlace lo dejaré a discreción de mis lectores.

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