Editorial

La caldera

La caldera política se sobrecalienta después que el doctor Leonel Fernández anunció el domingo su renuncia al partido de la Liberación Dominicana (PLD), tras calificar al presidente Danilo Medina de obstinado e intolerante, lo que fue ripostado ayer por el mandatario, que lo acusó de concertar una alianza con el Partido Revolucionario Moderno (PRM).

El panorama electoral se recompone con la decisión del doctor Fernández de encabezar una nueva organización política para competir en las próximas elecciones municipales, congresuales y presidenciales, lo que debería servir para poner fin a la crisis que abate al PLD y enriquecer a la democracia política.

Medina y Fernández representan un liderazgo político que ha gravitado en la vida nacional en los últimos 24 años, de los cuales ambos han sido presidentes en cinco oportunidades con más luces que sombras, aunque desde hace tiempo era previsible que una relación tormentosa desembocara en abrupto divorcio.

Durante los gobiernos de Fernández y Medina la economía ha mantenido un nivel de crecimiento superior al 6% del Producto Interno Bruto (PIB), pero prevalece el temor que el desbordamiento de esa crisis intrapartido impacte de manera negativa en los indicadores económicos.

Además de las primarias del 6 de octubre, el calendario electoral tiene pendiente la convocatoria a elecciones municipales en febrero, a presidenciales y congresuales en mayo y, muy posiblemente a una segunda vuelta en junio, que serían cuatro comicios en apenas ocho meses.

Es obvio que la economía no soportaría, al menos no sana y viable, tanto tiempo de campaña electoral, a menos que el liderazgo político asuma el compromiso de garantizar que esos eventos se convertirían en auténticas fiestas de la democracia y no en reediciones del Coliseo Romano.

La dominicana es una economía básicamente de servicios (turismo, remesas, inversión extranjera, zonas francas, telecomunicaciones, intermediación financiera), que requiere de absoluta certidumbre política, social y jurídica para poder sostenerse.

A lo que se aspira es a que los que se quedan y los que se van del PLD reduzcan la intensidad de sus confrontaciones y que excluyan a la economía de sus líneas de fuego, para que se puedan cumplir las expectativas de crecimiento de al menos un 5% del PIB a final de 2019.

 

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