Opinión

La despedida

Por: Rafael A. Escotto
«Un hombre hace lo que debe, a pesar de las consecuencias personales, a pesar de los obstáculos, peligros y presiones, y eso es la base de la moral humana.» Winston Churchill
«Te digo adiós, y acaso te quiero todavía/Quizá no he de olvidarte/pero te digo adiós/No sé si me quisiste… No sé si te quería…/O tal vez nos quisimos demasiado los dos/Este cariño triste, y apasionado, y loco/me lo sembré en el alma para quererte a ti/No sé si te amé mucho… no sé si te amé poco/pero sí sé que nunca volveré a amar así.»
Luego del discurso del 17 de abril de 2020 del presidente Danilo Medina Sánchez con motivo a la pandemia del coronavirus, he querido iniciar este artículo con unas estrofas del poema La despedida del poeta cubano José Ángel Buesa, quien vivió sus últimos días de gloria poética ofreciendo sus virtudes catedralicias en claustros universitarios de la República Dominicana.
Entendi en escasos 31 minutos de alocución que el honorable señor presidente se despidió solemnemente del pueblo dominicano y en unos meses dejará el país, como supone la Constitución y asi lo dejó entrever su disertación, en manos de un hombre al parecer «predestinado», quien tendrá tras de sí rodeando su inmaculado trono a seres impolutos venidos de una región inacesible ubicada en los siete cielos donde moran las deidades, segun algunas creencias cristianas.
Minutos antes del discurso, por arte de la magia de los generadores, la energía eléctrica a nivel nacional sufrió un sofocón que dilató la alocución del Jefe de Estado, cuyo discurso venia en medio de los espacios de sus líneas majestuosas el nimbo de una especie de despedida frente a la nación en momentos de coronavirus.
Al parecer aquel apagón fue quizás una señal de señorío de los generadores de energía eléctrica, quienes junto al «predestinado» y a la grosera intimidación de uno de los nimios más encendido y partidario con que cuenta la oposición, pretendieron mostrarle a los dominicanos y dominicanas dónde residen los futuros dioses de la secta del iluminati infrahumano dominicano, quienes le causarán al país en su momento lo que alguien llamó: el «máximo dolor y el maximo sufrimiento».
No tengo razones ni causas políticas, económicas ni familiares ni de otra naturaleza, que me puedan ligar al Partido de la Liberación Dominicana (PLD) ni a Danilo Medina, en particular. Mis mensajes en los medios para los cuales escribo son escritos con la pluma libre de mi pensamiento, como aquel manuscrito de Astorga en las entrañas de la Roma bimilenaria y lo hago consultando la translucida bola de cristal donde se lee el pasado para adivinar el futuro y en el que el presente es muy rápido y no se puede escribir nada de él todavia.
Lo que veo a través de esa mágia es que el presidente Medina ha sido singularmente llevado a empujones, pelliscos y pequeñas mordidas y sin una justa causa con la que se pueda probar la razón de una excomunión política que pretenden oficializar los sacerdotes del iluminati infrahumano.
No importa que se hallan movilizados recursos nacionales para derrotar esta amenaza, ni importa que los trabajadores de la salud estén hoy en primera línea de esta batalla, para salvar vidas y preservar la salud de todos los dominicanos, no importa que nuestras Policía Nacional y Fuerzas Armadas hayan sido desplegada, dándole seguimiento a las personas contagiadas, tampoco importa que los sectores productivos estén centrados en producir todos los bienes esenciales que se necesitan, no importa que las universidades y nuestros emprendedores estén buscando formas innovadoras de fabricar material sanitario.
No importa que 3,000 voluntarios, médicos, enfermeros, terapeutas y bionalistas hayan acudido al llamado de ayuda del presidente Medina, no importa que existan muchas razones para sentirnos orgullosos de la respuesta de la gente, de la solidaridad de este pueblo, de la unidad que se esté mostrando ante la adversidad y de la capacidad de entrega y sacrificio, es que en definitiva todos estos esfuerzos son desmentidos por la fuerza de la predestinación y, además un nimio y grosero personaje de la política quiere reivindicación.
Señor presidente, yo siendo usted me olvido de discursos. Ya los aceítes, los candeleros flamean, los altares están adornados en las iglesias católicas o protestantes, están también los sacerdotes, arzobispos y cardenales y la OEA; todos están preparados para celebrar la excomunión. No vaya usted a creer señor presidente que se trata esta vez de aquella excomunión histórica de Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón en el castillo de los Viverero en Valladolid.
No, no es otra la excomunión señor presidente, es precisamente su excomunión la que se ha preparado con tanto ardor y celeridad. Y lo intreresante de esto, es que gran parte del pueblo del cual usted en su discurso dijo que era el padre espiritual ya tiene su traje preparado para la fiesta de ocasión, Ese es, señor presidente, el mismo pueblo infiel del cual Jesús le habló a Ezequiel. No es otro, es el mismo.
No se afane señor presidente en decirle al pueblo que se han tomado medidas, que se acondicionaron una veintena de hospitales en todo el territorio nacional, ni que hay 3,186 camas de internamiento, ni que hay dispuestas 5,321 camas en centros de aislamiento para personas sospechosas de estar contagiadas, no importa que se hayan garantizado a toda la población la cobertura médica de esta enfermedad, a través del SNS y sin copagos, ni que haya capacidad para hacer pruebas PCR y ni que se haya ampliado las pruebas rápidas.
Nada de esto ni de aquello sirve para demostrar la eficiencia de su Gobierno frente a la epidemia. Es que usted no se está dando cuenta que el «predestinado» y el nimio que intimida pública y groseramente a ministros piensan junto a los dioses del «bajo astral» que impulsan lo negativo, ya tienen constituido el tribunal que juzgará todo eso que usted ha hecho. El tribunal aplicará inexorable y complacientemente el castigo.
El nimio grosero busca colocarle a usted…si a usted señor presidente Medina, sin haber sido la persona que en 1986 colocara una corona de espinas sobre una cabeza acusada, inocente o culpable, de unos hechos supuestamente cometidos desde el usufructo del poder. Sin embargo, no mira hacia sus lados para ver que los mismos que hoy comparten con él una oposición rabiosa y tenaz contra su Gobierno fueron quienes flagelaron a su progenitor en los tribunales hasta causarle la muerte al pobre hombre.
Ya no tiene significación ni valor humano ni moral señor presidente Medina que usted provea de alimentación a los dominicanos y dominicanas y que se coloque en la posición de un padre de familia, ni que transfiera entre 5 mil y 7 mil pesos al mes a un millón y medio de hogares debidamente identificados por su bajo nivel de ingresos, ni que sus planes sean transparentes, no vale nada que usted haya decidido apoyar a los trabajadores y a sus empleadores para garantizar que la económica del país siga sosteniendo a cientos de miles de familias cuyos jefes de hogar no pueden acudir a trabajar, como quiera van a seguir muriendo por ingerir ron «triculi».
Despreocúpese afanarse en seguir cubriendo salario de los empleados del sector privado y de los empleados que han sido suspendidos por el sector manufacturero que operan con reducción de jornada y esas 52,666 empresas en el país que reciben su efectivo plan de ayudas no le agradecerán nada, para que sepas la verdad léase Proverbios capítulo 17 versículo 13: «Al que es malagradecido siempre le irá mal.»
Déjese de hacer las veces de los padres que este país nunca ha tenido en los hogares de los estudiantes, de los niños más pequeños, de los ancianos ni de todo que en este momento necesita una mano amiga. Acuérdese del libro de Bosch Judas Iscariote El calumniado, usted no será descargado. Parece que cierto sector de la oposición política necesita reivindicar a alguien y en su estado de ofuscación usted lamentablemente ha sido el escogido por el nimio grosero que anda intimidando a su Gobierno rabiosamente.
Yo, en cambio, mientras tanto, prefiero despedir este artículo con unos fragmentos del poema El ajedrez, de Jorge Luis Borges, por entender que el mundo se ha vuelto un juego de escape y percusión:
«En su grave rincón, los jugadores/rigen las lentas piezas/El tablero/los demora hasta el alba en su severo/ámbito en que se odian dos colores/Adentro irradian mágicos rigores/las formas: torre homérica/ ligero caballo, armada reina/rey postrero/oblicuo alfil y peones agresores/Cuando los jugadores se hayan ido/cuando el tiempo los haya consumido/ciertamente no habrá cesado el rito/No saben que la mano señalada/del jugador gobierna su destino/no saben que un rigor adamantino/sujeta su albedrío y su jornada.»
Pobre ministro de salud, «!Nos veremos oportunamente ante la ley!»,le grita ferozmente el ego que se cree triunfante en una isla de piratas y de buscaneros.
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