Editorial

La DNCD y la Lucifer Party

Efectivos de la Dirección Nacional de Control de Drogas acompañados por la Procuradora de la Corte de Apelación, allanaron el local donde se iba a celebrar una fiesta promocionada como “Lucifer party”, bajo dos excusas: que la fiesta no contaba con el permiso correspondiente, una falta administrativa, y que en el lugar se estaba vendiendo droga, un posible delito penal.

Nadie se cree la excusa.

Aunque fuese cierto que la DNCD tuviera información de que eso iba a ocurrir, lo inteligente hubiese sido esperar que la fiesta estuviera en pleno apogeo para atrapar a los peces gordos del negocio que, de seguro, estarían haciendo su agosto y no antes de empezar el jolgorio.

Lo que está claro es que fuerzas poderosas se movieron para protestar contra una actividad que por el carácter de su anuncio ofendía la sensibilidad de muchas personas de arraigada fe religiosa.

Sin embargo, la actuación de las autoridades pareció excesiva, poco inteligente y, al menos, atentatoria contra la libertad de cultos, pues todavía en este país cada cual le puede rezar al santo de su devoción.

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