Opinión

La economía dominicana poscoronavirus

Aunque el coronavirus que causa el Covid-19 podría nunca desaparecer y volverse endémico como ha ocurrido con otros virus, tal como han señalado la Organización Mundial de la Salud y otros expertos, en vísperas de elecciones presidenciales y congresuales e iniciada ya una desescalada del confinamiento y las medidas de combate al Covid-19, resulta propicia la ocasión para reflexionar sobre la orientación de las políticas públicas para la recuperación económica, tomando en consideración que la prevención del virus y de nuevos rebrotes debe ser un irrenunciable eje transversal de estas políticas.

Es obvio que el país no podrá cambiar de golpe y porrazo el modelo económico existente, como lo es también que tiene que dar pasos firmes para aprovechar las oportunidades que brinda la crisis económica que se indujo para frenar el avance del Covid-19. Recordemos aquí la muy citada frase del economista Milton Friedman: «sólo una crisis –real o percibida– da lugar a un cambio verdadero. Cuando esa crisis tiene lugar, las acciones que se llevan a cabo dependen de las ideas que flotan en el ambiente”. ¿Cuáles son las ideas que flotan en el entorno nacional y global a raíz de esta crisis?

El relato hegemónico en la opinión pública es que la crisis nos ha obligado a acudir de nuevo a Keynes y clamar por el retorno del Estado. La verdad, como casi siempre, parece estar en el justo medio. No hay dudas que enfrentar la parálisis economica y laboral ha obligado a un redimensionamiento de la ayuda económica y social y a la asunción por el Estado de un mayor rol en la economía. Pero, por otro lado, es indudable también que, en el caso dominicano, un relanzamiento de la economía pasa por una reactivación del sector empresarial privado y del empleo, un reforzamiento de las acciones del Estado para atraer, aumentar y mantener la inversión extranjera y nacional directa en el país y el estreno de grandes y novedosas alianzas público-privadas que permitan acometer las grandes obras de infraestructura en todos los frentes (comunicación vial, agua, desechos sólidos y vivienda).

Todo lo anterior no será posible sin la preservación de la estabilidad macroeconómica -uno de los principales activos del país como economía competitiva en la región-, y sin el fortalecimiento de un actor esencial en los proyectos de inversión para grandes infraestructuras -que no pueden descansar única y exclusivamente en la capacidad fiscal y de endeudamiento del Estado-, y son los fondos de pensiones. Si el proyecto de ley de devolución anticipada de los aportes de los trabajadores a los fondos de pensiones es finalmente descartado, como es de esperar, a raíz de la fuerte oposición que en el Gobierno, en el PLD y en el PRD, en algunos dirigentes políticos y en el sector empresarial y sindical, ha suscitado el mismo, es importante emprender, a partir del 16 de agosto, en concierto tripartito (Estado, trabajadores y sector privado), una reforma bien pensada e integral del sistema de seguridad social, que al tiempo que universalice las prestaciones sociales, apuntale la rentabilidad de los fondos, de modo que se aseguren pensiones dignas, vía la democratización del capital de las empresas dominicanas, incluyendo las empresas estatales productivas, para que se fomente así el capitalismo popular y transitemos de una república de proletarios a una de propietarios.

Lógicamente nada de esto será posible ni sostenible si no se implanta un nuevo modelo económico que, en lugar de buscar la flexibilidad laboral, como se ha pretendido durante mucho tiempo, fomente el empleo digno y formal -vía, por solo citar un ejemplo, las empresas de zonas francas que podrían aprovecharse del reshoring, tal como ha sugerido recientemente el economista Federico Cuello-, al tiempo que acomete la reducción de los costos de la actividad empresarial (seguridad jurídica, energía, etc.) y se compromete con “llevar el capitalismo a su propia legalidad” mediante el enforcement/compliance efectivo de las reglas contra el monopolio y el abuso de posición dominantes y la promoción de la competencia libre y leal.

El principal activo de este modelo es el ser humano. Su desarrollo pleno solo podrá alcanzarse domesticando jurídicamente ese gran ogro filantrópico llamado Estado social, desterrando definitivamente el clientelismo mediante el ingreso básico ciudadano, y fortaleciendo el sistema de salud con asociaciones público-privadas que florezcan con una seguridad social más sostenible, accesible y universal, y que, al tiempo de proveer mejor salud a todos, conviertan nuestro sector salud, con inversión privada, en uno de los de mayor crecimiento.

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