Opinión

La fiebre no está en la sábana

Tras las elecciones municipales, presidenciales y congresuales los partidos políticos buscan fórmulas que les ayuden a paliar el mal: la apatía ciudadana a los torneos electorales.

Hay una realidad, la gente no se siente motivada a votar, ya sea porque no confía en los partidos políticos o porque considera que votar no tiene sentido.

Un amigo en una reunión dijo que le gustaba la forma de gobernar del actual presidente, Luis Abinader, sin embargo, agregó: “Pero no iré a votar” .

Hay una inconsciencia de lo que implica este derecho y deber ciudadano, que debe estar por encima de las simpatías políticas.

Pero esa conversación aún no ha llegado a los oídos de la gente, los propios partidos que hoy quieren someter proyectos de ley para obligar a la gente a votar, no se han encargado de educar a la ciudadanía y a su militancia en torno a ese derecho tan importante que es el sufragio.

La solución que ellos ven es simplemente una; crear una serie de incentivos para obligar a los jóvenes a votar, es una de las propuestas que se hablan hoy día, auspiciada por 25 legisladores.

Leer este anteproyecto de ley que contempla por lo menos 15 beneficios para quienes voten, nos hace pensar en que desde la clase política no hay una real conciencia de por qué la gente no acude a esa fiesta de la democracia.

Las utilidades van desde privilegios en los puestos públicos hasta descuentos en los costos universitarios y persiguen promover una participación activa en las elecciones cada cuatro años.

Y por otro lado, el diputado de la Fuerza del Pueblo, Hamlet Melo, sometió otro proyecto que ha encontrado apoyo de otros colegas congresistas para que el voto sea obligatorio.

La pieza fue introducida el pasado 29 de mayo y el propósito del texto es disminuir los niveles de abstención electoral y que haya una representación más equitativa y diversa en el Congreso y en el Gobierno.

Parece que los únicos culpables de que la abstención aumente son los ciudadanos, ante esta lamentable situación obligar a la gente a votar no será la solución, y sólo hay que ver hacia los países que dieron el paso.

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