Editorial

La igualdad ante la ley

El propósito de cambio que llegó al Palacio Nacional el 16 de agosto pasado debe reafirmar la validez de los compromisos legales y sociales del Estado a la hora en que sus dirigentes reducen o modifican la composición de nóminas oficiales.

El presidente Luis Abinader puso los puntos sobre las íes, como se espera de quien se empeña en diferenciar su gestión de los desaciertos del pasado y de la irracionalidad en el manejo de recursos humanos que con anterioridad incluía tratar a la Cosa Pública como cantera de empleos para los seguidores.

Al desautorizar al despido de servidores cuando no se dispone de fondos para el pago de prestaciones en el plazo correspondiente, el primer mandatario traza curso contra el ordinario y tradicional desconocimiento a la majestad de la ley llamada a aplicarse por encima de banderías políticas.

En el contexto de rectificaciones y perfeccionamientos en la forma de dirigir al país prometidos al electorado, incluyendo el ideal de gobernar para todos los dominicanos, no caben ya las barridas administrativas contrarias al objetivo de la legislación que consagra derechos laborales en los ámbitos del Estado que antes solo valían para el sector privado.

Procede, ciertamente, llevar eficiencia a los servicios gubernamentales saneándolos con reingenierías y profesionalidad en atención a la realidad y fines de cada entidad burocrática, midiendo competencias y reconociendo méritos.

Atrapados en la baja calidad

Las clases a distancia llegaron como opción contra el volátil e inmisericorde virus SARS-CoV-2; y ahora se revela que en los países de América Latina, similares en sus sistemas educativos y condiciones sociales, solo son aprovechadas por el 25% de los alumnos de preescolar y básico.

Está pues reducido a su mínima proporción el ingreso calificado a la escolaridad en esta parte del mundo que incluye a República Dominicana.

Es hora de plantearse cuánto podría hacerse adicionalmente a lo que está en marcha, y con carácter de urgencia, para reactivar con el concurso de padres, profesores, infectólogos y epidemiólogos, las aulas dominicanas de los niveles en que falla sustituir al maestro de carne y hueso con medios electrónicos.

La alarma está disparada y debe medirse día por día la factibilidad de acelerar el viaje hacia la normalidad.

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