Editorial

La importancia de las Memorias

La presentación para conocimiento de los organismos legislativos y el público en general de informes anuales sobre la labor rendida en doce meses anteriores por diferentes áreas del Gobierno acumula récord insatisfactorio. Los presidentes de la República no asignan suficiente trascendencia a la exposición de detalles que, bien aireados, testimoniarían respeto a la transparencia para que sectores de opinión lleguen a las entrañas de los ejercicios. Se lamenta que los 27 de febrero (día señalado constitucionalmente para la formalidad de saldos) brillen preferentemente como fecha para discursos de autoelogios y baja especificidad sobre la labor cumplida durante el concreto año anterior y que de las voluminosas carpetas que deben expedir los ministerios poco se conozca ni expidan resúmenes ejecutivos que faciliten su comprensión.

Se prefiere, la más de las veces, que la tribuna vierta mensajes políticamente inscritos en las conveniencias de la administración vigente en los que el lujo de pormenores se concentra en méritos como si los desaciertos y las insuficiencias del accionar oficial no formaran parte de la realidad que se vive a diario, que motivan protestas y disgustan sectores, pues es evidente que esta no es Suiza ni cosa que se le parezca. Sea del máximo interés de autoridades y prensa llevar a plena divulgación los balances de la Administración Pública para análisis y contrastación con reclamos ciudadanos.

No fallar en pagos vitales

Los suministros de desayuno escolar y otros alimentos imprescindibles para la Tanda Extendida en planteles oficiales no deberían faltar; sin embargo, los proveedores que, por lo general operan con capitales modestos, plantean la posibilidad de un colapso: cinco y seis meses sin recibir pagos del Gobierno pueden llevarlos a zozobrar. Se sabe que vendrán explicaciones de mucho contexto, que minimizan con sofismas el problema o anuncian “soluciones inmediatas”. Las excusas nunca han faltado. Las morosidades también han sido inmancables. Es como si después de un enorme baño de optimismo y aplausos al éxito gubernamental en augusta sala, tuviera que aparecer la otra cara de la moneda en la que conste, entre otros saldos rojos, una mala relación con débiles sectores productivos por lesivos incumplimientos de determinados contratos.

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