Editorial

La justa decisión del magistrado José Alejandro Vargas

El magistrado José Alejandro Vargas, juez de Atención Permanente del Distrito Nacional, ha dado cátedras de cómo debe actuar un representante de la justicia en un caso de alto interés público.

Lo primero es que consideró el proceso judicial preventivo como una forma de educar al país. Y, acostumbrado a un magisterio judicial complejo, todo el tiempo brindó ejemplos de moderación, sabiduría, transparencia, inteligencia emocional e imparcialidad.

José Alejandro Vargas explicó siempre los derechos de los imputados, garantizó el derecho de los abogados de la defensa a expresarse y a brindar discursos exhibicionistas, y permitió que los fiscales jugaran su rol como representantes de la sociedad. Casi 30 horas de sesiones permitieron a José Alejandro Vargas mostrar su agudeza, conocimiento de la materia penal y su don de hombre pulcro. Se ganó la simpatía colectiva, y lo que se conoce como la solemnidad de la justicia, la colocó al nivel de la población más humilde, sin degradarla. ¡Que magistrado más noble y justo tenemos, y que orgulloso debemos sentirnos de su trabajo, cuando hay otros que han tenido esa oportunidad y han hecho exactamente lo contrario de lo que debían hacer!

El dictamen del magistrado José Alejandro Vargas es una pieza memorable, si asumimos su explicación a los imputados y al público en general como parte de su sentencia.

El dictamen no puede ser más explicativo, ponderado, tranquilizador y justiciero. En el caso de la señora Carmen Magalys Medina Sánchez dio su versión sobre el significado de juzgar a una mujer y las implicaciones que tendría privarla de su libertad. Eso es ser una persona con verdadero don de justicia. No irá a prisión, pese a los hechos que se le imputan y que el juez ponderó como verdaderos, pero estará privada de libertad y tendrá vigilancia. Un gesto magnánimo y justificado.

Una parte de los imputados se asociaron con propósitos ilícitos, y para defraudar al Estado, buscando ventajas con una persona que se valía de su condición de hermano del presidente de la República. Los otros, los que buscaron sacar ventajas de esa relación comercial con el hermano del presidente Medina, como Julian Esteban Suriel y Domingo Antonio Santiago Muñoz, intentaron pero no pudieron y se marcharon de las sociedades. Suriel se quedó con un fusil y no pudo explicar las razones por las que lo portaba. El Ministerio Público presentó las pruebas y el juez observó con cuidado los argumentos de ambas partes. Y hasta la distribuidora de medicamentos Mallen quedó embarrada, porque también negoció con el Juan Alexis Medina Sánchez para vender medicamentos de altos costos que estaban exclusivamente en sus manos, pero en manos del hermano del presidente se vendían más caros al Estado y se cobraban con más facilidad. Y lo mismo ocurrió con las mascarillas.

El caso de José Dolores Santana es más patético. No tiene dinero, no tiene formación académica, pero es un hombre inteligente. Es rico y no lo sabe. Con dinero público, que obtenía prestando solamente su nombre y su silencio, lo mismo que Wascar Méndez Pineda, que prestaba su nombre y ese prestaba a todo tipo de complicidad.

Sobre Juan Alexis Medina Sánchez el magistrado Vargas fue contundente. Primero lo felicitó, por tener y demostrar tanto poder, que habría que conocer si lo tendría en este momento en que ya su hermano no es presidente. Y es en este punto, sobre la actuación de los hermanos Medina Sánchez, cuando José Alejandro Vargas se crece, y demuestra la dimensión de su inteligencia y captación del complejo entramado formado alrededor del presidente de la República recién salido del poder: Lo que tenemos aquí es “una familia que traicionó la debilidad sentimental por sus hermanos que tenía el presidente de la República, Danilo Medina. Lo imperdonable es que la familia traicionó esos sentimientos que tenía Danilo Medina por sus hermanos”.

Vargas ha demostrado afecto y sincero respeto por Danilo Medina. Otro juez estaría en condiciones de interpretar que Danilo Medina era cómplice de sus hermanos, o le facilitó el camino para que hicieran lo que tradicionalmente hacen los allegados a las personas políticamente poderosas: aprovecharse de los cargos y los nombres y apellidos que ostentan.

El caso es complejo y la mayoría de los imputados quedaron bajo prisión preventiva por un período de tres meses, a ser revisada el 1 de marzo del 2021.

Para los que Pudieron albergar alguna duda sobre el trabajo del juez José Alejandro Vargas, sólo hay que decirles: He aquí el resultado. Gracias a este hombre honrado, inteligente y justo por una labor que es un gran servicio al país y a la necesaria higienización de la cosa pública. Es una decisión que se adopta apenas unas horas antes de que se celebre el Día Internacional Contra la Corrupción. Un gran servicio en esta dirección.

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