Opinión

La lengua de la calle en la cultura idiomática dominicana

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  1. Consideraciones generales

Cuando hablamos del lenguaje de la calle o de lo que en inglés  se conoce con el nombre de “slang”, obviamente  hacemos referencia a las múltiples  expresiones que se utilizan de manera preferencial en los ámbitos no formales de carácter popular, tales como las vías públicas,  carros de  concho,  salones de belleza, centros deportivos, talleres de mecánica,  centros  de salud y, en fin, en en todos aquellos contextos donde se emplea la lengua viva para  comunicar  ideas y situaciones  concretas relativas a la vida cotidiana. Se trata, la callejera, de una forma de expresión propia de la lengua coloquial y, por ser así, se emplea en la conversación familiar o en el diálogo entre amigos, y suele tener una mayor carga expresiva, afectiva y emotiva.

El lingüista y filólogo alemán, Wener Beinhauer (1896 -1983) define el lenguaje coloquial como «el habla tal como brota natural y espontáneamente en la conversación diaria, a diferencia de las manifestaciones lingüísticas conscientes, y por tanto más cerebrales, de oradores, predicadores, abogados, conferenciantes, etc., o las artísticamente modeladas y engalanadas de escritores, periodistas o poetas».

Constituye esta una modalidad lingüística de naturaleza predominantemente difásica, por cuanto su empleo depende en gran medida del contexto o circunstancias en que se encuentre el hablante y, por tanto, de ningún modo refleja el nivel sociocultural de la persona que la utiliza.  Su uso no está del todo determinado por las características del emisor del mensaje —como en las variantes diatónicas, diacrónicas y diastáticas— sino por determinadas situaciones.  Merced a este planteo, en su Gramática esencial del español (1996:391), escribe Manuel Seco lo siguiente:

«Dentro de su nivel de lengua, el hablante puede escoger y debe escoger el nivel de habla que convenga en cada momento. No se expresa de la misma manera cuando conversa con un compañero que cuando le escriba una carta; ni, al dirigirse a un amigo, su forma de hacerlo es la misma que cuando se dirige a un desconocido; ni sus palabras, sus frases ni aún su pronunciación son iguales cuando habla en la mesa familiar que cuando habla ante un público; ni se manifiesta de igual manera ante un ministro que en una tertulia…» 

¿Qué significa eso?

Sencillamente, que el mismo hablante que emplea la lengua normalizada cuando habla en un entorno académico, se aparta casi por completo de los preceptos idiomáticos cuando se comunica en el bar, en la discoteca, en la playa, en el seno de la familia, en el hospital, esto es,   cuando utiliza la llamada lengua espontánea o no formal. De ahí que no resulte dable ni cónsono con la verdad lingüística   establecer relación de igualdad entre la lengua coloquial, callejera y popular con el nivel de expresión no culto o vulgar. Este último, como su nombre lo indica, hace referencia a la ausencia o formación de cultura académica o, en su defecto, a una muy pobre presencia de este tipo de formación cultural. Se caracteriza esta modalidad de la lengua por el predominio de un léxico de origen vulgar, una sintaxis muy sencilla o de rústica elaboración y una pronunciación bastante distanciada de las reglas generales del idioma. La pobreza léxica es notoria, y es esa la razón por la que el vocabulario resulta bastante repetitivo y poco fluido. 

Los rasgos antes citados, sin embargo, no siempre están presentes en la expresión callejera, por cuanto el hablante que hace uso de ella, si bien puede ser un iletrado, también puede tratarse de un escritor, intelectual, académico o cualquier persona que haya cursado estudios avanzados. Un ejemplo podría resultar bastante ilustrativo: 

 En el habla dominicana, la eliminación de la /s/ implosiva (final de sílaba o de palabra) y  la /d/ intervocálica ( “Esos niño”, “asutao…”); el acortamiento o apócope de palabras (“na”, “pa”),  lo mismo que en  la vocalización  de la /l/ y la /r/ en  i (“doblaí”, “coitai”)  , no deben considerarse fenómenos fonéticos atribuibles a la lengua de la calle, toda vez que se trata de rasgos característicos del español dominicano, realizados  por el sujeto hablante independientemente de su profesión, edad , nivel de estudios  o la posición que ocupe en la estructura social. No sucede lo mismo cuando a un dominicano se le escucha articular frases como: “Echar una pajita” (dormir siesta), “Guindar los tenis» (fallecer), Vivir donde el Diablo dio las tres voces” (Vivir muy lejos); “Yo no cojo corte” (No cojo presión), etc., frases estas que por ser generalmente empleadas en contextos estrictamente informales, sí deben considerarse típicas de la expresión callejera.

Pero además, los usuarios del nivel de expresión vulgar, por desconocimiento, carecen de plena conciencia lingüística del desajuste idiomático en que suelen incurrir, conciencia que sí la posee una cantidad numéricamente elevada de quienes emplean el código también denominado
“lenguaje del trillo o de la vereda”. Esa conciencia   les permite a estos   modificar sus hábitos lingüísticos y adaptarlos a cada situación particular.

A nivel lingüístico, el tipo de cultura oral le confiere al código coloquial callejero rasgos muy particulares o característicos:

  1. En primer orden, es una forma de expresión natural, espontánea rejada y expresiva.
  1. Se trata de una modalidad lingüística muy dada al cambio y a la evolución de la lengua estándar.
  1. Es sobre todo un código de expresión bastante activo o dinámico, en el que las palabras se transforman en un medio para servir a los fines concretos de la vida cotidiana,
  1. En ella, lo expresivo se impone a lo lógico,
  1. Uso de voces y expresiones de carácter popular tales como vocablos, jergas, locuciones, giros, adagios, refranes, modismos y frases populares.
  1. Imprecisión, multivocidad o alto grado de ambigüedad y polisemia de muchos vocablos y expresiones. Estos adquieren matices y significados diferentes según el contexto situacional en que se encuentren los hablantes en el momento en que se produce la comunicación oral…
  1. Es fundamentalmente oral o conversacional, aunque también lo podemos encontrar en algunos textos, especialmente en obras de carácter narrativo, como bien se pone de manifiesto en las citas que siguen, tomados de la novela La tranca (2003), de Francisco Nolasco Cordero (1932 – 2007) :
  1. a) «Podía decirse que era una santa, a pesar de que ese “tirigüillo” con esa muestra de cuerpo y unas 80 libras, algo debía tener en la bola para amarrar a Francio Florentino, hombre “culebro, más rodado que una bola de billar…» (p.29) 
  1. «Como a los 32 años de edad se le murió el marido y Munda quedó desorientada y sin sustento y no tardó en perder la cabeza de arriba, y lo grande es que pronto perdió también la de abajo y se botó a la calle…» (Ídem)

 « De ahí van al parque, toma ron “a pico de botella” y, a pesar de la brisa del mar, los mosquitos los acosan» (p.33)

 «El Diablo no duerme ; comenzó a beber no más para complacer a sus clientes…»p.30)

 «Tú pareces que tienes el Diablo adentro…» (p.33) 

  1. ¿Qué provoca el surgimiento y uso del lenguaje de la calle?

 La naturaleza cambiante o evolutiva afín a toda lengua.

  1. Reacción natural contra la norma lingüística.
  2. Deseo de conectar o sintonizar con el pueblo.
  3. La masificación lingüística.
  4. Culto a lo fácil o al menor esfuerzo 

Como resultado de la evolución de la lengua, en la modalidad callejera, el significado denotativo de muchas de las voces o expresiones de la lengua estándar, especialmente verbos y adjetivos, son reemplazadas por nuevas formas. A saber: «Me hija se “metió” con ese hombre» (se casó); «Me “quillé”» (me molesté); «Le “echaron” el guante» (Lo apresaron); «“Suéltame” en banda» (Déjame quieto, no me fastidies…); «Intentó provocarme, pero lo “solté” en banda…» (… no le hice caso, lo ignoré); « Ella es mi mano derecha» (asistente o persona de confianza ) ; «Él está “caliente” conmigo» (Yo  estoy molesto  con él »; «Dicen que ella se “acuesta” con su jefe» (sostiene relaciones sexuales…); «Ese trabajador es un cabeza caliente» (agitador); «Desde que supe que estaba en el barrio, prendí la pasola y le “frené” en la casa» ( me le aparecí…); « Vivir a sus anchas» (cómodo )

Y en  el sociolecto callejero de la juventud es muy común escuchar frases del tipo: «Pila de bobos» (muchos problemas); « Ese tipo es el final» (Es lo máximo); « Esta mañana escuché a Boca de Piano, y debo decirte que me “hizo¯ el día» (Me alegró el día); « ¿Y te pagaron buena moña por el trabajo?» (¿Y te pagaron mucho dinero…?

En semejante contexto callejero – juvenil, adjetivos como “sicópata» y «sicario» cambiaron su original esencia semántica o sus nada apreciables sentidos de “asesino a sueldo” y “Persona que padece anomalía síquica”, por el de “Persona hábil o competente”, en tanto que en vez de construcciones propias de la función  fáticas  de la lengua, tales  como «¿Entendiste?» y «Así es…», se prefiere preguntar: « ¿Le llegaste?» y exclamar: « ¡Llévate de mí!», respectivamente.

El autor es profesor universitario de Lengua y Literatura. Reside en Santiago de los Caballeros

dcaba5@hotmail.com

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