Opinión

La neutralidad de la República Dominicana en la ONU


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Por: Rafael A. Escotto

Cuando la República Dominicana adoptó una postura de neutralidad durante la 80ª Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) en Nueva York, lo hizo desde una convicción ética y diplomática. No expresó solidaridad ni con Israel ni con Palestina, ni emitió condena alguna contra las partes involucradas en el conflicto de la Franja de Gaza. Fue una decisión prudente, objetiva y moralmente acertada.

Más que una omisión, esta postura representó un ejercicio de diplomacia activa. El presidente Luis Rodolfo Abinader Corona encarnó el principio de neutralidad con una actitud que recuerda las palabras del historiador español José Luis Rodríguez Jiménez: «El pensamiento crítico y la neutralidad intelectual son actitudes mentales con las que observar y analizar la realidad y desarrollar conclusiones independientes y objetivas. Y ello es compatible con ser leal con los sentimientos, coherente con las convicciones y entusiasta con las aficiones.»

Este artículo nace como respuesta a quienes, desde la inquietud y el afecto, han solicitado una reflexión sobre la posición dominicana ante el conflicto entre Israel y Palestina. Lo escribo desde la imparcialidad ideológica, consciente del dolor que este contexto genera.

Para comprender la postura dominicana, conviene evocar la leyenda del judío errante: un personaje condenado a vagar eternamente, símbolo de la diáspora judía. Aunque no figura en la Biblia, esta figura literaria representa la exclusión y el desarraigo. En un gesto de humanidad, la República Dominicana lo acogió simbólicamente en Sosúa, otorgándole tierras y ganado. Aquella comunidad prosperó, convirtiéndose en un referente ganadero y productor de lácteos.

Del mismo modo, la comunidad palestina —junto a la siria y la libanesa— ha contribuido significativamente al desarrollo económico, profesional, político y cultural del país. Judíos y palestinos han encontrado en suelo dominicano un espacio de respeto y crecimiento. Por ello, la neutralidad dominicana no fue indiferencia, sino una expresión de equidad hacia dos pueblos hermanos.

El pueblo dominicano ha aprendido a compartir las alegrías y los dolores de ambos pueblos. Israel y Palestina, unidos por la sangre y separados por la fe, han dejado huellas profundas en nuestra historia. El agradecimiento del pueblo judío hacia la República Dominicana ha sido constante, al igual que la fidelidad de las comunidades palestina, siria y libanesa.

Por eso, la decisión de no abandonar el hemiciclo mientras Israel tomaba la palabra fue un gesto de respeto y coherencia. Como bien dijo el general estadounidense Colin Powell: «La lealtad significa darme tu opinión honesta, ya sea que pienses que me gustara o no.»

Es doloroso para la República Dominicana ver enfrentados a dos pueblos tan cercanos y queridos. Pero más doloroso habría sido abandonar el diálogo, sumándose a quienes se retiraron del recinto en busca de simpatías políticas, mientras ocultan sus propias crisis internas.

En conclusión, la República Dominicana actuó con sensatez al expresar sus preocupaciones en ese foro internacional, abogando por una respuesta global ante la crisis haitiana. Si no se enfrenta de manera conjunta, esta amenaza podría desestabilizar la región y comprometer la paz dominicana.

Celebramos también la disposición de Estados Unidos de considerar el envío de tropas a Haití como parte de una solución internacional, según expresó la general Laura Richardson, jefa del Comando Sur. Como ciudadanos del mundo, aspiramos a que esta acción contribuya a la paz y al reconocimiento internacional de quienes la promuevan.

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