Editorial

La obra de Danilo Medina

El presidente Danilo Medina se despidió ayer formalmente de los dominicanos ante la Reunión Conjunta de las Cámaras Legislativas con la presentación de sus memorias de siete años y seis meses. Al margen de cualquier consideración crítica, hay que reconocer que efectivamente ha sido un período de importantes realizaciones, y que ha trabajado intensamente, hasta los domingos, cuando realiza sus famosas visitas sorpresa.

El Presidente mantuvo el aplomo que ha de caracterizar a un estadista en tan solemne ocasión. Habló para todos los dominicanos, preservando el escenario y la formalidad de rigor.

De entrada, abordó el tema de la coyuntura, que fue la fallida celebración de las elecciones municipales del 16 de este mes, y reafirmó los criterios expresados recientemente acerca de la necesidad de que se investigue a fondo y se establezca con propiedad lo ocurrido.

Aunque reconoció que el país vive una “delicada situación tras la suspensión de las elecciones”, obvió referirse al planteamiento de diálogo que ha hecho la oposición, las iglesias y las gestiones de los hombres de empresas.

De todas formas, el Presidente, si bien resaltó sus realizaciones y la necesidad de preservar su legado, está listo para abandonar el poder el 16 de agosto. Fue cauteloso al hablar de lo alcanzado y la importancia de seguir avanzando por ese sendero, sin importar quién se juramente como Presidente en la ocasión.

Sin embargo, hay aspectos en los cuales Medina no pudo presentar logros, como la lucha contra la corrupción. De hecho, en su administración se destapó el escándalo de Odebrecht, que aún está pendiente de decisión en la justicia.

Ahora, importa que en el tiempo que le queda, el presidente Medina se concentre en concluir la construcción y reconstrucción de varios hospitales y obras de infraestructura que influirán en la producción de alimentos y en la mejoría de la vida de decenas de comunidades.

Es necesario recordar que así como el Presidente valora sus realizaciones, su legado material, debe propiciar un clima adecuado para el proceso electoral en marcha, de modo que las elecciones sean confiables, ordenadas y pacíficas. Todo eso tiene que ver con el fortalecimiento institucional.

El país lo reconocerá.

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