Editorial

La pócima de Melquíades

Las democracias en América Latina convulsionan por crisis políticas, económicas o sociales de gran envergadura, difíciles de resolver, como las que afectan a Chile, Argentina, Venezuela y Colombia, pero en República Dominicana el problema mayor lo representa la litis por la idoneidad o validez de una auditoría al sistema de voto automatizado.

El desarrollo de la tecnología o de la llamada Inteligencia Artificial a nivel mundial debería ser suficiente como para garantizar la experticia forense y técnica que debe hacerse al sistema de sufragio computarizado que se emplearía en las elecciones de febrero y de mayo de 2020.La clase política parece sólo confiar en una solución ofrecida por Melquíades, el personaje de la novela Cien Años de Soledad, que con una pócima pudo curar a los habitantes de Macondo de la epidemia del olvido, sin darse cuenta que la fórmula ofrecida de ese gitano está escrita en sánscrito y sólo puede revelarse cien años después de concluida.

La Junta Central Electoral (JCE) anunció la realización de una auditoría y certificación al sistema de voto automatizado que será utilizado en las elecciones municipales de febrero de 2020, que estaría a cargo de la empresa Alhambra Eido, en un plazo máximo de cinco semanas contadas a partir del día viernes 3 de enero de 2020.

El proceso será ejecutado por la empresa estadounidense Pro V&V, con sede en Alabama, a través de la cooperación que prestará la Fundación Internacional para Sistemas Electorales (IFES), que seguramente cuenta con el aval de la embajada de Estados Unidos, en la que parecen confiar mansos y cimarrones.

Se sabe también que la JCE dispuso que el voto automatizado se utilice en 17 demarcaciones donde el sistema de conteo manual sería de difícil aplicación, por lo que partidos y candidatos deberían reclamar participación en todo lo referido a vigilancia y rastreo de esos procesos.

No parece necesario contratar al gitano de la afamada novela ni aun si ofreciera su famosa pócima contra el olvido, porque el desarrollo tecnológico puede suplir un sistema de votación, eficiente y confiable.

Aquí, gracias a Dios, no están dadas las condiciones de ninguna naturaleza para que aflore una crisis política, económica o social como las que convulsionan a gran parte de América Latina, aunque prevalece el riesgo de que la insensatez pueda alguna vez incendiar las praderas.

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