Editorial

La prioridad es sobrevivir

La intempestiva aparición del coronavirus en el mundo ha dejado una secuela de miles de muertes y de casos sospechosos de contagio que han obligado a la drástica paralización de las actividades normales en más de 120 países impactados por la pandemia.

La población más vulnerable ha sido la de los adultos mayores, los que tienen edades de más de 60 años, que no lograron superar los problemas respiratorios que causa el coronavirus porque ya presentaban otros problemas de salud o deficiencias inmunológicas.

En realidad, nadie es inmune al contagio y a padecer sus terribles consecuencias. Por eso la mayoría de los países alcanzados por el virus, comenzando por China, su cuna de origen, enfocan todas sus medidas de control en la prevención del contagio y, por consiguiente, en todo lo que pueda asegurar la sobrevivencia de sus poblaciones.

Esa debe ser la prioridad en la República Dominicana, en la que viven más de un millón de personas con edades superiores a los 60 años, de las cuales casi un millón realiza trabajos ordinarios.

Esa población tiene que ser puesta rápidamente en situación de cuarentena, aunque no presenten síntomas de la enfermedad, y recibir la mayor asistencia del Estado y de las empresas para las cuales laboran a fin de que continúen trabajando a distancia desde sus hogares, o aisladas de las personas o áreas de riesgo de contagio.

Lo imperativo e ineludible ahora es sobrevivir, pasando primero por la de cumplir estrictamente las recomendaciones de higiene personal y en los hogares, centros de trabajo, vehículos de transporte y otros lugares donde fluye o se concentra público, mientras dure la situación de emergencia a la que estamos abocados.

El gobierno y los medios de comunicación deben unirse en una campaña de gran calado para difundir consejos y mensajes disuasivos, sin dejar de advertir que este es un virus agresivo y expansivo para el cual, todavía, no hay antídotos eficaces.

Minimizar esta potencial carga de peligros para los seres humanos, en especial los adultos mayores, sería una imperdonable falta de responsabilidad. La situación existente demanda medidas heroicas, sacrificios fuertes, en la convicción de que, aunque no lo queramos, perderemos a muchos seres queridos y sentiremos por un tiempo las consecuencias económicas y sociales que vienen aparejadas en esta pandemia.

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