Opinión

La revuelta de Haití

Por: Rafael A. Esotto

«Soñamos para tener esperanza. Dejar de soñar, bueno, eso es como decir que no se puede cambiar el destino«. Amy Ta

Inicio este nuevo trabajo a solicitud de varias personas, entre los cuales hay intelectuales nacionales haitianos residentes en Santiago, República Dominicana, quienes han leído artículos míos publicados en la prensa dominicana sobre el tema de Haití y otros tópicos conexos, los cuales por sus importancias fueron traducidos y publicados en el periódico  Le Nouvelliste de Haití.

https://lenouvelliste.com/public/article/143247/une-distension-dominicano-haitienne-saillante

La situación haitiana actual no tiene otra causa  que no sea la de una lucha de clases entre sectores distintos quienes han levantado bandera de lucha por cuestiones históricas retrasadas de índoles políticas, sociales y económicas, en una sociedad como la haitiana, con grandes tensiones acumuladas provocadas por las presiones entre pobres y ricos.

En Haití prevalece un régimen de apartheid inhumano contra personas de la raza negra cuya trascendencia no dista mucho de lo que fue esa política segregacionista y esclavista en Sudáfrica y que en Haití la encabeza una minoría mulata hijos de negros libertos y blancos polacos quienes llegaron a la isla con la tropa napoleónica comandada por Charles Victoire Emmanuel Leclerc.

Los mulatos esclavistas han ejercido el poder sobre los negros haitianos como si se tratara de una especie de sistema feudal que controla los medios de producción asociada  con el gran capital blanco extranjero y quienes poseen en conjunto el noventa por ciento de la tierra cultivables, lo cual es un descaro en pleno siglo XXI. Esa práctica mantiene la mayoría de los ciudadanos de esa isla en un estado de  servidumbre vergonzante.

La pregunta que me formularon y la cual me propongo contesta en este trabajo es la siguiente: ¿Hay o no en estos precisos instantes en Haití una lucha abierta e incontrolable de clases contrapuestas?

A partir de la muerte del médico y político haitiano François Duvalier en 1971, apodado Papá Doc, quien se había declarado presidente vitalicio, gobernando esa isla con mano férrea, sembrando el terror desde que ascendió al poder en 1957.

Muerto Papá Doc, a éste le sucede en el mando absolutista su hijo Jean-Claude Duvalier, llamado Baby Doc, hasta que fue derrocado en 1986 por el jefe del ejército de entonces Henri Namphi. Esos quince años de Baby Doc significaron años de horror, de tinieblas, de persecución política, de represión y de muertes de los opositores al régimen duvalierista.

A todo ese estado de atrocidades contra el infortunado pueblo haitiano habría que sumarle los periodos de gobierno de Prosper Avril, de Leslie Manigat, Roul Cedras, Ertha Pascal-Trouillot. Jean-Bertrand Arístides, Boniface Alexandre hasta el actual gobierno de Jovenel Moise. Todos estos gobiernos aburguesados suman más de cincuenta años de autoritarismo, de acentuado retroceso político, de  pobreza y de explotación salvaje contra el resto de la población haitiana.

La situación social, política, económica y, sobre todo, humana en Haití nos retrotrae a la vida que vivió ese pueblo en 1804, la cual estuvo determinada por un sistema de esclavitud cruel, situación que produjo la insurrección protagonizada por Toussaint L’Ouverture en 1791 y la cual fue secundada por aquellos negros que habían estado sometidos por los terratenientes blanco europeos que se quedaron en la isla y por mulatos haitianos quienes luego de obtener su libertad pasaron a ser grandes propietarios de plantaciones.

Los mulatos aburguesados implantaron un régimen de esclavitud que provocó una revuelta libertaria de los negros contra sus explotadores mulatos y blancos franceses.

Haití estuvo y aún está bajo el dominio de la minoría mulata afrancesada que al creerse bancos asumen el estilo de vida africana de ascendencia europea.. Es tal la dominación, que cuando en ese país ha gobernado un presidente de la raza negra éste se siente  inferior y al sentirse inferior, adquiere la categoría de una marioneta y subordina su poder político a los mulatos quienes tienen el poder económico y social en la isla.

Las condiciones socioeconómicas del pueblo haitiano de hoy no se diferencian mucho de aquella situación de agosto de 1791 que produjo el estallido de  la revolución antiesclavista, cuya ira se encendió, según cuenta la historia, durante una ceremonia de vudú en Bois-Caïman, una zona en la parte norte de la isla altamente productora de caña de azúcar y la cual llegó a constituir la región más importante y de mayor rentabilidad económica de Haití.

El extraordinario desarrollo que tuvo Haití en el siglo XVIII se basó en el trabajo esclavo. Esa situación parecía insostenible, sin embargo, a pesar de la revolució liderada por Toussaint L’Ouverture, todavía permanecen vestigios de ese pasado colonialista y de esa lucha por superar esas condiciones de vida infrahumana donde el hombre es explotado por el hombre.

Cuando el mundo civilizado ve la reciente revuelta del pueblo haitiano contra el «statu quo«, todo parece indicar que ese pueblo no ha logrado sobreponerse después de aquella revolución antiesclavista  a más de doscientos veintiocho años de sufrimientos y de humillaciones.

En un escrito  de Odalis Mejía aparecido en el periódico Hoy de República
Dominicana, este hace referencia a una expresión del historiador haitiano Jean Ghasmann Bissainthe, quien destaca algo interesante que, «aunque  en Haití no tienen problema en reconocer sus orígenes africanos,  existe una permanente tirantez  entre una elite negra y los mulatos por quién es mejoria por el control político de la nación«.

Algunos dominicanos han llegado a pensar que los negros que huyen de la esclavitud y de la negación de derechos en Haití es una repetición aumentada de  aquellos esclavos cimarrones que huían de sus dueños y se refugiaban en las montañas, formando pequeñas comunidades en el Santo Domingo Español.

Es posible que en esta rebelión de Haití haya renacido el espíritu y la presencia emblemática de un Mackandal alentando vigorosamente a los negros a sublevarse contra la explotación inhumana y la fragmentación injusta de las clases sociales en Haití, donde el blanco y el mulato negrero han impuesto un régimen terrible de opresión sobre la mayoría negra a través del poder político, militar y económico, a tal grado que han hundido a ese pueblo en la más infame pobreza y miseria, convirtiéndole en un pueblo sin esperanza.

Finalizo este articulo con una frase de  Roy T, Bennett, presidente del Partido Republicano de Ohio y autor del libro, «La luz en el corazón«, la cual asumo a manera de exhortación al pueblo haitiano en su nueva lucha emancipadora cuya revuelta paree que quedó inconclusa en 1791: «Nunca pierdas la esperanza. Las tormentas hacen a la gente más fuerte y nunca duran para siempre«.

 

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