Opinión

La segunda vuelta debe desaparecer 

Las causas que dieron origen a la aprobación de una segunda vuelta en las elecciones dominicanas surgieron tras el fraude electoral del 1994,  propiciado por Joaquín Balaguer contra José Francisco Peña Gómez.

Aunque hubo un acuerdo original que establecía un 45% para ganar en primera vuelta, un nuevo fraude reformista estableció, con el apoyo peledeista, la aprobación del 50%, que quedó consignado en el pacto por la democracia.

Esa variación funcionó a la perfección pues en las elecciones del 1996 el doctor Peña Gómez aunque superó el 45% no pudo alcanzar el 50%.

En las siguientes elecciones unas décimas separaban a Hipólito Mejía del 50% pero el mismo doctor del fraude del 1994 se “reivindicó” impidiendo una segunda vuelta al negarse a una alianza con el PLD.

A partir de ahí los dominicanos han decidido todas las elecciones en la primera vuelta evitando traumas y gastos innecesarios.

Debemos retomar el camino de elecciones únicas e incluso unir las municipales pues no podemos continuar con el actual derroche de diferentes procesos electorales.

Desde el 1978 hasta el 1994 solo son Antonio Guzmán Fernández arribó a la presidencia superando el 50% de los votos y todo pareció transcurrir con “normalidad” pese a la situación vivida en el 1986 donde los votos nulos, mayoritariamente de doble rayado (PRD-La Estructura) superaron con creces la ventaja del líder reformista Joaquín Balaguer sobre el candidato presidencial Jacobo Majluta.

Asimismo el fraude admitido del 1994 cuando Balaguer “ganó” con el 42.29% contra un 41.55% del José Francisco Peña Gómez, una “ventaja” de menos de 25 mil votos en más de 3 millones de sufragios válidos.

La legitimidad o no de los procesos nunca estuvo sustentada en el porcentaje de los votos obtenidos sino en las maniobras llevadas a cabo siempre por el mismo personaje: Joaquín Balaguer, quien en el 1978 se le acusó con pruebas de apoderarse de varios senadores para mantener el control de la justicia dominicana que era designada por ese poder del estado.

También en el 1990 el PLD acusó a Balaguer de robarse las elecciones, algo que ocurrió en los años 1970 y 1974 por la vía de abstención forzada del principal partido de oposición, el Revolucionario Dominicano.

Por cierto, con este historial, el doctor Balaguer fue designado “padre de la democracia” en el año 2003 con el apoyo del PRD, simplemente porque el presidente que promulgó el decreto logró “amarrar la chiva” en la famosa Máximo Gómez 25, residencia del caudillo reformista, para alcanzar el poder.

Vistas las circunstancias que crearon la segunda vuelta en la República Dominicana, su eliminación debe ser seriamente ponderada luego de los comicios del 2024, pues el partido gobernante, que podría ser favorecido ahora con esta disposición, no cuenta con los votos necesarios para terminar con esta oprobiosa medida, hecha exclusivamente para perjudicar a su líder histórico.

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