Salud

La “sopita” y su vínculo con el llamado “enemigo silencioso”

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SANTO DOMINGO, República Dominicana.- La sopita forma parte de la consciencia gastronómica de nuestro país: se usa en locrios, moros, espaguetis, caldos, habichuelas guisadas, revoltillos y en muchas otras comidas. Además de ser uno de los condimentos más demandados, es añorada por los hijos y las hijas de esta tierra cuando emigran, como lo reveló la “Investigación de mercados de productos nostálgicos para la comunidad dominicana en los Estados Unidos”, realizada a finales de 2010 por la Dirección de Comercio Exterior del Ministerio de Industria y Comercio.

Si la sopita es parte de la cultura dominicana, ¿por qué no dejarla tranquila —se preguntarán ustedes— para que siga esparciendo su toque casi mágico de sabor a los platos a los que se añade y prodigando a las “tres calientes” el gustico al que nos tiene acostumbrados?

Según expresa la doctora y docente universitaria, Francini Placencia, en su artículo La dañina cultura de la sopita,el inconveniente que tienen estos productos está relacionado a la cantidad de sal que se les agrega.

En el documento – del que se desprende la introducción de esta nota -, Placencia destaca que la sal es un mineral formado por los elementos químicos sodio y cloruro, siendo el primero el componente “problemático”.

 

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