Opinión

La tecnología acecha el cambio


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Aquiles Olivo Morel

En su reciente viajes a Beijín, el presidente de los EE. UU. ­Donald Trump, se hizo a acompañar de una amplia comitiva de empre­sarios, innovadores y líderes de la industria tecnológica. Destacan Elon Musk (Tesla/SpaceX), Tim Cook (Apple), Larry Fink (Blackrock), Stephen Schwarzman (Blackstone) y H. Lawrence Culp (GE Aerospace). Todos ellos participaron de una agenda en que el gigante asiático le hizo saber directamente la importancia de establecer una relación de buen entendimiento para emprender los proyectos en común acuerdo. Nadie ignora que la industria aeroespacial viene experimentando avances muy significativos; la AI se ha convertido en tema de conversación ­diaria por los avances y el tiempo en que vencerá sus propios límites.

Todos ellos disponen de asombrosas corporaciones en sus respectivas industrias: Apple, a través de sus avances históricos en la búsqueda de información en la red dispone de una AI (Gemi-ni), a la cual le incorpora innovaciones sistemáticas; Elon Musk, además de ocupar el difícil sitial de ser una de las personas más adineradas del planeta, continúa incorporando nuevas innovaciones e inventivas en todo su grupo de empresas. El líder de Blackrock, la cual es reconocida mundialmente por el manejo de tantas inversiones, activos e inmuebles influye de manera decisiva en curso de los negocios en todo los EE. UU, fundada en 1988; Blackstone Inc.; cuya sede está en New York, responsa­ble del manejo de las inversiones alternativas, también fue incluida en ese importante viaje, fundada en 1985. H. Lawrence Culp, especializada en la fabri­cación de motores para la aeronáutica y con precedentes por las innovaciones realizadas en este campo de investigación, especialmente en la indus­tria militar, también estuvo  presen­te dentro del tinglado de ejecutivos presentes.

La lista de los invitados es muy larga, sin obviar que los mismos son figuras pioneras y creativas en sus ­respectivos campos de la industria. ¿Por qué los líderes globales, especialmente en el mundo político, les están prestan­do bastante atención a los avances que las industrias tecnológicas a quienes buscan nuevas maneras de alcanzar el espacio exterior. ¿Podría la AI, en rápido desarrollo influir en las decisiones de la geopolítica, especialmente en unos conflictos que se han converti­do en una tarea para que sus respectivos países avancen? Donald Trump, sentía una especie de confianza en asistir a este evento -una cena amplísima- acompañado de estos empresarios cuya producción se encuentra mayormente en suelo asiático, lo que obliga a articu­lar la forma de armonizar la relación ­ estadounidense.

Nadie ignora que los EE. UU. siempre ha estado detrás de la industria ­china, colocando la producción, inclu­yendo el despliegue de grandes capita­les y aprovechando los canales exis­ten­tes para el traslado de la producción a los principales puertos norteame­ricanos. Trump también acudió con esa comitiva para hacerle ver el poder y la posibilidad de que EE. UU. pueda guiar el curso de estos mecanismos influ­yendo con nuevos elementos. Ese encuen­tro muestra cómo la industria norteamericana asentada en China tiene suficiente poder para exigir nuevos modos de ver el manejo de las contra­dicciones políticas, al tiempo facilitar el entendimiento en el futuro inmediato. La tecnología está desempeñando un papel estelar en el curso de estos países, sobre todo en la industria militar, la cual cada vez busca alternativas sofisticada para afrontar como se deshacen los acuerdos que dieron la armonía existen­te, desde que concluyó la II Guerra Mundial.

Hoy se percibe como gran parte de los países influyentes en el planeta revi­san sus presupuestos militares, movidos por los efectos globales de las pretensiones, tanto comerciales como milita­res de las naciones hegemónicas. Estos avances señalan nuevas formas de admi­nistrar la guerra: Surgen nuevos drones; aparecen misiles veloces; ­bombas sofisticadas que moldean el curso de los conflictos. En definitiva, la tecnología empieza a influir en el ancla­je de nuevos acuerdos, como se procura ahora en Irán, donde se incluye en el plan de paz el no desarrollo de la pureza del isótopo uranio, más allá de lo permi­tido para la producción de la energía doméstica.  La tecnología viene abriéndose paso formando parte del desarrollo alcanzada por los países, sea de forma transversal o directamente en aquellas áreas que representan el mayor ingreso en el PIB.

Siempre se pensó que la misma iría tomada de las manos con la civilización y que nunca representaría un peligro, como sucede en la actualidad con la AI. Esa preocupación que persiste en la ­actualidad de si AI requiere una limi­tación, antes de que alcance la singula­ridad y pueda emprender un camino propio, estaba fuera de los cálculos iniciales de pioneros en este campo.

Al producirse estos encuentros entre mandatarios de las categorías de Xi Jinping y Donald Trump se sospecha que la agenda incluya el alcance de investigaciones, que incluyen controles o limitaciones que no pongan en peligro la especie humana. Cualquier investigación con fines eminentemente científicos podría usarse posteriormente en el campo militar, dando la ventaja al país que alcance este nivel de desarrollo. Eso no es nuevo pero lo nuevo que lo representa como estas discusiones incluyen en la agenda aspecto más allá de los políticos ignorando que los avances de la, tecnología, también representan parte de este todo que se discute en la construcción del “nuevo orden” a nivel global.

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