Opinión

La tragedia de San Cristóbal

La tragedia humana se apoderó de la ciudad de San Cristóbal, a media tarde del lunes 14, tras la explosión en el interior de una empresa recicladora de plásticos, dejando muertes y lesiones de consideración, así como destrucción de bienes. A esto se agrega el pánico y el terror generalizado en todo el hidalgo municipio. 

Este acontecimiento devastador nos hiere y duele a todos los dominicanos de buena sensibilidad humana, sobre todo la pérdida de vidas útiles, que en base al trabajo digno y esfuerzo tesonero,  hombres y mujeres  se ganaban su sustento y el de los suyos. Me refiero a los empleados de la fábrica siniestrada, así como también a otras víctimas de los alrededores del lugar. 

La magnitud de este voraz incendio es inmensa, con un balance de 11 muertos y 11 desaparecidos en los escombros del siniestro, decenas de heridos, vehículos destruidos, y también viviendas y comercios de los alrededores. Fue un acontecimiento dantesco, paridor de horror, luto, tristeza y dolor a las familias afectadas, a la sociedad sancristobalense y de todo el país. 

Tan voraz y funesto fue esa explosión, que a pesar de los esfuerzos de los bomberos, Defensa Civil, policías, militares y ciudadanos de buena voluntad, todavía por la tarde del martes 15, el incendio persistía como llamas abrasadoras y devoradoras. Ojalá que 

 esa labor de rescate de vidas humanas y preservación de bienes materiales no se detenga hasta torcer el ímpetu del gran siniestro. 

Y como paliativo a este destructor episodio, cabe resaltar el trabajo y mancomunado de las autoridades municipales de San Cristóbal, encabezado por su alcalde, José Montas, y la del gobierno central, orientado personalmente por el presidente Luis Abinader, quien temprano en la mañana del martes se trasladó allí para actuar y ejecutar acciones en socorro de los afectados. 

Ante este trágico suceso, creo que el de mayor magnitud de impacto social y humano de esta naturaleza, estamos en el deber de alertar al gobierno dominicano y a los empresarios en el sentido de que no se debe permitir las instalaciones de fábricas de esa naturaleza, así como estaciones de expendio de combustibles inflamables, en el corazón de cualquier ciudad este país.

Ahora el luto viste de negro a San Cristóbal, pero mañana puede ser cualquier otra ciudad de nuestra querida República Dominicana. En consecuencia, expreso mi solidaridad con los familiares de las víctimas, así como también con Saúl Pimentel y José Pimentel Muñoz, dos prominentes ciudadanos de allí, quienes editan y dirigen este gran diario digital. 

jpm-am

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