Opinión

LA VIDA SOLO NOS PIDE VIVIRLA


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Fausto García)

“El hombre que oculta su pasado se niega a sí mismo”. (Fausto García) 

Hablando con un amigo, hace unos días, este me dijo: “Amigo, la vida no es exigente, no pide mucho. Solo nos pide que la vivamos.” Me quedé con esa frase y la hice mía. La hice mía y me metí con ella a las profundidades del alma, allí, conde ella habita y se esconde, procurando charlar con ella al respecto.

Al darse cuenta que yo estaba allí, y cuales eran mis propósitos, se hizo la desentendida, como que no era con ella, y para colmo, se echó a reír, sí, a reír a carcajadas, como si se burlara de mí.  Yo, que la contemplaba de lejos y que advertía su sonrisa, no me pude contener, y como la hilaridad vive en mí, empecé también a reírme, con más gana que ella, al extremo que parecía un loco que ríe sin parar.

Ella, que no es tonta ni perezosa, al darse cuenta de que le estaba robando el show, quiso detenerme, pararme en seco, y para esto, salió a mi encuentro, dispuesta a lo que yo quisiera, pero resulta, que yo no quería nada, ni siquiera reírme, y mucho menos de ella, ni con ella.

Es así que entonces mi actitud empezó a desalentarla para no decir enfurecerla, y con pasos presurosos se encaminaba hacia mí, como dispuesta a cualquier cosa, pero seguía igual, la ignoraba, no porque ella fuera la vida, sino porque mi hilaridad era tal, que como dije, no sabía por qué, ni de qué, me reía.

¿Acaso fue ella que me llevó a tal punto?  ¿O fue su risa loca la que provocó en mi la locura de la risa? Realmente no sé. ¿Acaso provocó su risa loca una especie de amnesia en mí? Cuantas interrogantes me invadían, al punto que sabía que venía hacia mí, pero la ignoraba, y no porque ignorándola dejara de existir como realidad, sino porque para mí no existía.

Mi amnesia o desdén era tan grande, que a pesar de ella ser quien es, se siguió molestando a tal extremo que quiso hablarme, pero al darse cuenta que no la contemplaba, prefirió morderse la lengua. Ya estaba al punto de estresarse, pues en verdad no sabía que hacer conmigo.

De repente, como que recobré la memoria y volví en sí. De inmediato me di cuenta que ella estaba frente a mí, dispuesta a todo, por lo que le salí al paso y con mucha firmeza le dije, antes que ella abriera su boca: Excúseme usted señora, pero me dijo un amigo y de él lo aprendí, “Que usted no es exigente, no pide mucho. Que solo nos pide que la vivamos.”

 Por tanto, señora, siendo quien es usted, la maestra de maestra, y yo un simple aprendiz, no hice más que poner en práctica lo aprendido, vale decir, que como usted solo nos pide que la vivamos, eso hice en aquel momento que la descubrí allí donde acabo de encontrarla: VIVIRLA. Gracias señora, por ser como es, no deje de ser así por favor.  El día que eso ocurra, por favor, que sea cuando ya yo no esté en este mundo. faustogarcia2003@yahoo.com

 

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