Editorial

La vocación del dólar

No nos compliquemos la vida.
En República Dominicana el dólar tiene tres vocaciones fundamentales: convertirse en pesos, pagar bienes o servicios comprados en el extranjero y ser ahorrado en bancos nacionales o extranjeros o debajo del colchón.

No tiene vocación de ser especulado o de esconderse. Cuando esto ocurre es porque hay una distorsión del mercado, incertidumbre sobre el futuro o una mano oscura meciendo la cuna.

El Banco Central afirma que en la economía dominicana hay suficientes dólares para satisfacer las necesidades convencionales del mercado cambiario local, pero los bancos están restringiendo su venta de manera inusual.

El negocio de los bancos es mover el dinero (cada vez más de forma electrónica) pues esa dinámica es la que suele generarle ganancias.

¿Entonces por qué se está restringiendo la venta de una mercancía que según el Banco Central no está escaseando?

Probablemente sea por nerviosismo o incertidumbre.

Los presagios cataclísticos tienen efecto materiales en la economía. Tanto se anuncian desgracias que la gente termina preparándose para las mismas, aunque no lleguen.

La campaña electoral se ha convertido en un mar de malos presagios y, por tanto, es natural que genere un nerviosismo tal que haya incentivado a muchos a tener mayores provisiones personales en divisas extranjeras comprando más y vendiendo menos dólares.

También hay fuerte incertidumbre sobre lo que ocurrirá con los ingresos en dólares por el turismo o el nivel de la factura petrolera por la fluctuación de los precios del petróleo.

A lo mejor, más que notas de prensa, lo que el país requiera sea de un nuevo ardor en el turismo, deprimir el consumo de derivados del petróleo, promover la industria local, abaratar la electricidad producida, consumir menos alimentos importados y que la gente sienta realmente que no necesite guardar debajo del colchón sus dólares propios o que la especulación no generará beneficios.

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