Opinión

Legado de Juan Pablo Duarte


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POR LUCIANO FIRPO

En la ocasión se conmemora el 213 aniversario, del natalicio del padre de la dominicanidad, Juan Pablo Duarte. Un joven procedente de la clase media de la época, que tuvo la oportunidad de visitar diferentes países en América y Europa, donde había un fuerte furor nacionalista. como el liberalismo influía en el pensamiento político y económico de la época decimonónica y en la consolidación de los Estados republicanos.

También el prócer J P Duarte asumió el pensamiento romántico en boga, en sus versiones nacionalista y patriótica, que era el amor exacerbado por la Patria. El comportamiento cívico y la construcción del accionar e imaginario identitario del pueblo dominicano son reforzados y definidos por el trabajo procero del Padre de la Patria. Al margen del chauvinismo, Duarte es el mentor de la dominicanidad, el maestro capaz de persuadir con sus ejemplos y enseñanza a compañeros y discípulos acerca de la pertinencia de trabajar a favor de la Patria. Duarte se erige en el referente, arquetipo y modelo de actor político digno de emulación.

El trabajo de J P DUARTE empieza su consolidación con la fundación de La Trinitaria en 1838, organización secreta que asume la tarea de reclutar jóvenes para la causa patriótica. Esta institución era una especie de partido político, donde el maestro inculco los principios de libertad, soberanía y emancipación. Para ser miembro de La Trinitaria se pasaba por un proceso de inducción clandestina y con un juramento como compromiso de sangre para procurar la liberación nacional.

Cuando la entidad patriótica fue descubierta y perseguida por las autoridades haitianas, Duarte promovió y creo las entidades culturales de: La Filantrópica y La Dramática, que a través de la escenificación de obras teatrales promueven la soberanía del pueblo dominicano. Sin La Trinitaria el movimiento independentista estuviera carente de liderazgo, estructura organizativa y de comprensión del ideal nacional.

En 1843 se produce el primer exilio de Duarte y en su ausencia corresponde a Sánchez y Mella, quienes no son fundadores de la organización, reordenarla y reestructurarla, así como hacer alianza con grupos conservadores que no creían en la independencia, aunque eran anti haitianos.

J P Duarte no solo impulsa la independencia, sino que esboza y define el modelo de país que se buscaba: una república libre, democrática y soberana, con separación de poderes, respeto a los derechos ciudadanos y rechazo a cualquier intento de dominación extranjera. El prócer concibió el nombre del nuevo país, el diseño de su bandera, escribió un proyecto de constitución donde plasma los ideales patrios, y los principios fundacionales de la nación.

También entre los avatares que vive Duarte con sus compañeros, se destaca: educación cívica respecto al valor de la libertad y el sentimiento nacional, el valor identitario de la soberanía, ciudadanía y amor por la Patria. Aparte de incentivar entre sus compañeros los valores patrióticos, también dio el ejemplo de comprometer el patrimonio de su familia con la causa nacional.

Entendía el prócer que la nación recompensaría la entrega de los bienes filiales al servicio de la lucha por la independencia. La misión de Duarte fue de naturaleza instructiva en lo cívico y militar, preparar al pueblo para asumir la necesidad de ser libre e independiente. Evocaba Duarte “Vivir sin Patria, es lo mismo que vivir sin honor”

Según Duarte la política era la ciencia más pura, guía en la formación cívica y el compromiso del ciudadano con el Estado. En la sociedad dominicana legada por el padre de la Patria, los políticos de profesión han visto en el acceso al control del Estado, el patrimonio personal, la practica clientelar de cada uno procurar lo que supuestamente le corresponde.

El propio Duarte vivió en carne propia el escarnio, la desavenencia, luchas intestinas y ambiciones personales de quienes no creían en la dominicanidad y ofertaban la Patria para un protectorado o la anexión como en un mercado persa. Esos grupos apátridas y antinacionales se han alojado en el control del Estado dominicano. Duarte fue víctima de sus maquinaciones, envidia, perfidia, vilipendio y carencia de visión acerca de la dominicanidad.

La conmemoración oficial sobre el día de Duarte se reduce a lo anecdótico, el desfile, los arreglos florales, taconeo militar y actos protocolares de gabinete. Los sentimientos se encierran en un baúl y se destapan el siguiente año. Como dice Pablo Mella, hay que revisitar a Duarte, colocarlo en su justa dimensión humana y política, gran defensor y constructor del alma nacional.

Más allá de la celebración conmemoración oficial y protocolar hay que promover celebraciones alternativas en las escuelas, colegios, clubes, universidades e iglesias que le otorguen la dimensión y vigencia a la figura tutelar del sentimiento nacional.

Duarte es el arquetipo o modelo de hombre nuevo comprometido con los más nobles ideales de su época. Es el más elevado símbolo del compromiso patriótico y entrega desinteresada por forjar la Patria. ¡Emulemos el trabajo procero de J p Duarte!

EL AUTOR ES DR EN EDUCACION

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