Editorial

Lo bueno de las zonas francas

Hasta ahora sigue patente que la inteligencia artificial con su robótica lo más que hace es coexistir con las personas en ciertas áreas manufactureras sin desplazar del todo las manos y la agilidad mental de los humanos. Para determinadas confecciones con materia prima textil, joyería de amplia gama, equipos médicos y quirúrgicos, call center y el armado de celulares, el individuo que ingiere alimentos, duerme y se reproduce no tiene sustitutos por su versatilidad productiva con ayuda misma de las maquinarias de procesos continuos.

Simbiosis de las personas con los artificios que destruyen empleos. República Dominicana es pródiga en mano de obra simple y de la que al adquirir experiencia y perfeccionar habilidades pasa a costarle más al empleador recibiendo mejor salario. La especialización es creciente.

Para los “tigres de Asia”, países de milagros económicos, los locales repletos de operarios que daban plenitud de uso a las manos y un poquito a la materia gris, llenaron una época sin quedarse en ella. Fue camino para elevarse a las fabricaciones que más valor agregan a la materia. Llegaron a ser colosos de la exportación que mejor se paga en el resto del mundo. Pasaron de los “pañales” de una economía elemental a una más compleja y reproductiva. ¿Qué les parece? En la actualidad el trabajador zonafranquista local está entre los de mayor rendimiento en ese nivel de la producción a escala internacional.

Sigue un vicio Impenitente

El pase de factura por haberse “fajado” en la campaña continúa al uso. No le falta al historial de ningún partido, y el PRM no sería la excepción en la partidocracia a juzgar por las instrucciones atribuidas al presidente Luis Abinader de hacerles espacios en la administración pública a los activistas que le ayudaron a ganar el poder, según expresión del actual director del Instituto Agrario Dominicano. Y se han dicho cosas peores como “que no se quede nadie sin bailar”.

Parecería que los cambios prometidos no resultarían tan cabales aunque el triunfo se debió más al pueblo llano que a diligentes promotores de la reciente campaña. El voluminoso gasto y correrías del peledeismo bien pagado con uso de recursos del poder demostró que la clave del éxito no se debe necesariamente a la bullanga callejera.

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