Editorial

Lo que ha de seguir

Hay que insistir en la necesidad de que la acción del gobierno y de toda la sociedad debe asumir como la mayor prioridad atacar con efectividad la presencia del COVID-19, hasta hacer que la curva de su trazado comience su aplanamiento y llegue a niveles controlables, para que no se mantenga como una amenaza permanente que acorrala y espanta a la población.

Por el momento se percibe un cierto nivel de estancamiento, al tiempo que la población comienza a relajar las pautas establecidas sobre la distancia social, sobre todo en la jornada fuera del toque de queda, con lo cual se corre el riesgo de que la pandemia del COVID se recrudezca a través del contagio de los conglomerados.

Las precariedades socioeconómicas de mucha gente crean un “estado de necesidad” en la masa laboral y en la economía informal, que se convierte con los días en una “bola de nieve” que inducirá a una normalización forzosa de alto riesgo en medio de la crisis sanitaria. La búsqueda del peso obliga a la gente a una movilización en la forma preferida del “molote” que aviva el contagio.

Por eso se mantiene el reclamo de que las autoridades arrecien las acciones de control con mayor firmeza, de modo que se fortalezca el nueva patrón de compra y venta observando la debida distancia social, estrategia que combinada con la mejoría de la respuesta sanitaria, podría vencer la expansión del virus.

A medida que eso se vaya produciendo, y tomando en cuenta la disposición de mucha gente a lanzarse a las calles, se debería canalizar esa movilización a través del método de compra y venta basado en la distancia social, de manera que se vayan normalizado gradualmente las actividades económicas, bajo un método de actividad comercial cónsono con las prácticas de protección de la población contra el coronavirus.

Se trata de una metodología basada en la estrategia de la organización y método, que obligaría a los agentes económicos, consumidores y productores, a un comportamiento ordenado y racional frente a la actual crisis sanitaria.

Ese método se observa en la práctica en los grandes centros de consumo como los supermercados, cosa que se pudiera expandir a los servicios bancarios y servicios públicos de las entidades oficiales. Por ejemplo, el Banco de Reservas con su gran clientela debería disponer la apertura de todas sus sucursales disponiendo la debida protección del personal, al tiempo de organizar a la clientela que acude a sus oficinas, mediante filas ordenadas guardando el criterio de la distancia social, así como el uso obligatorio de mascarillas y guantes para normalizar el servicio.

De igual manera y de forma gradual se pudieran ir abriendo otros establecimientos comerciales según su importancia y necesidad, hasta normalizar la nueva economía mucho más ordenada y dentro de una metodología que garantice las buenas condiciones sanitarias.

A partir de ese ejercicio en el plano de la política, se pudiera pensar en un diseño apropiado para organizar las próximas elecciones ya programadas por la JCE, para lo cual la población estaría mejor entrenada en el método de la “distancia social” y la “protección sanitaria” en sustitución del primitivo, contagioso y autoritario método del “molote”, propiciador de tantas irregularidades e indignidades.

¡Aprendamos, pues, de la crisis sanitaria! 

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