Editoriales

Lo que debemos lograr de la ONU

 

Es razonable la suspicacia que ha dado lugar la ONU ante la crisis de Haití, si consideramos que la petición de ayuda para solucionar los graves problemas de gobernabilidad y de inseguridad que caracterizan al vecino país, todavía a más de dos años de la solicitud, no ha merecido de ese organis­mo mundial ninguna reacción positiva y de colaboración con Haití.

Ahora con la confrontación surgida en la frontera entre Haití y la República Dominicana, por la construcción de un canal sobre el río Masacre que derivaría sus aguas hacia Haití en total perjuicio para los habitantes del lado dominicano, tampoco la ONU ha manifestado ninguna posición oficial.

En cambio, a través del alto comisionado de los derechos humanos radicado en Haití, la ONU ha pedido con urgencia que nuestro gobierno reconsidere la medida del cierre total de la frontera, en una clara demostración de “parcialidad desafortunada” tal como le ha respondido el gobierno dominicano, a través de la Cancillería, rechazando tal solicitud, hasta tanto no se detengan los trabajos de construcción del canal.

Pese a toda esa suspicacia que razonablemente ha generado el comportamiento indiferente o parcializado de la ONU, el gobierno dominicano, aprovechando la participación del presidente Abinader en la Asamblea General del organismo, debería someter una solicitud, acogiendo la sugerencia hecha por el profesional de la hidrología dominicana, Ing. Silvio Carrasco y que La INFORMACIÓN hace suya.

Mediante esa solicitud se le pediría a la ONU la designación de una Misión Técnica que junto a la Misión Hídrica Binacional de Haití y RD, procedan a revisar la situación y se recomiende una solución que se ajuste a los tratados internacionales y binacionales entre los dos países, al tiempo de considerar los aspectos de equidad y de proporcionali­dad en beneficio para los dos pueblos.

Si el presidente Abinader logra de la ONU esa solicitud, tendría la condición para la reconsideración del cierre total de la frontera y determinar su levantamiento, con lo que se deberá iniciar el diálogo técnico-legal, que permita superar el diferendo.

La solución a la controversia del río y del canal debe trasladarse al terreno de la ONU y de la Comisión Binacional Hídrica.

¡Garanticemos la paz y la seguridad mediante ese “bajadero”!  

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