Editorial

Los binoculares

Los bombardeos aéreos de Estados Unidos contra milicias pro iraníes, con saldo de 25 muertos y más de 50 heridos, en represalia por la muerte de un contratista estadounidense, matizan un inicio de año con un entorno internacional mucho más áspero y difícil que el que caracterizó al 2019.

El lanzamiento de un cohete contra una base militar que produjo la muerte del contratista, fue el argumento del presidente Donald Trump para ordenar los bombardeos contra posiciones de la milicia chiíta, pro iraní, así como el envío de tropas para proteger sus intereses en la capital iraquí.

Las acciones de EE.UU. provocaron que militantes chiítas tomaran el martes e intentaran quemar una parte de la embajada de ese país en Bagdad.

De modo que el año 2020 nació con el contagio de severas crisis que desde hace tiempo enturbian las zonas del Golfo Pérsico, península de Corea y el Medio Oriente.

Como si fuera poco, el líder norcoreano Kim Jong-un ha puesto fin a la moratoria de pruebas nucleares y ha amenazado con desplegar pronto una “nueva arma estratégica” y desarrollar una “acción traumática”, lo que agrega a Washington otro problema de la misma envergadura que el que confronta con Irán y agregado a los conflictos que se desarrollan en Siria, Israel y Palestina.

Gobierno, clase política y sector empresarial deberían desempolvar los binoculares para seguir de cerca los acontecimientos en tan lejanos litorales, pero con incidencia directa en la zona geopolítica de América Latina y el Caribe, especialmente en el plano de comercio, inversión, petróleo y precios de materias primas.

No escapa al conocimiento de la clase dirigente que el continente literalmente convulsiona a causa de graves crisis políticas, económicas y sociales que afectan a sus principales economías, y que organismos internacionales han advertido que al menos 1.3 millones de haitianos corren el riesgo de padecer hambruna, sin dejar de mencionar que la propia economía de Estados Unidos presenta ya síntomas de una posible recesión.

Partidos y candidatos deberían entender que la economía dominicana es como un papalote en el aire a merced del rumbo que tomen los vientos en el difícil entorno internacional, por lo que no parece aconsejable jugar a la ruleta rusa durante la campaña electoral que se avecina.

A lo que aspira el pueblo dominicano es a que Gobierno, liderazgo político y sector productivo incluyan en el debate temas como reforma fiscal, pacto eléctrico, control de un déficit fiscal que supera los 150 mil millones de pesos, el acelerado endeudamiento, reducción del déficit cuasi fiscal, reenfoque a los regímenes de seguridad social y pensional, migración y seguridad ciudadana, sin dejar de tomar en cuenta que la canasta familiar básica inicia el año con un aumento de 4,7%.
Solo así se previene lo peor

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