Editorial

Los debates presidenciales

La democracia se fortalece con el diálogo. La democracia es diálogo, esencialmente, y otorga poderes especiales al pueblo, para que bajo el sustento del diálogo se tomen decisiones colectivas. Ninguna decisión importante podría tomarse sin la consulta al soberano. Parte del diálogo se hace directamente con el pueblo, mediante elecciones, o indirectamente, mediante la consulta a los elegidos para la representación, que son legisladores, senadores y diputados.

La más importante de las decisiones que adopta cualquier sistema democrático es la elección de sus autoridades. A eso vamos los dominicanos el 5 de julio, para elegir presidente y vicepresidente, y para elegir senadores y diputados.

Es una pena que el diálogo, o el debate, entre los que aspiran a gobernar el país no se haya dado, pese a los esfuerzos realizados por las entidades con disposición para organizarlo: Cámara Americana de Comercio, quería un diálogo, un debate, y tuvo que contentarse con presentaciones individuales, cada quien en una fecha diferente, de los tres candidatos con más preferencias de acuerdo a las encuestas más acreditadas. Asociación de Industrias de la República Dominicana, que debió ceñirse a un patrón organizativo en el que cada candidato presentaba un discurso, sin posibilidad de diálogo, o de responder preguntas. Y la Asociación Nacional de Jóvenes Empresarios, que ha debido suspender por falta de quórum su debate, en el que tanto empeño puso.

El Grupo de Comunicaciones Corripio, que reúne a los más importantes medios de comunicación del país, y que forman parte de las empresas de ese grupo empresarial, también tiene organizado un esquema de presentación de las propuestas de los candidatos, por día, desde el 23 hasta el 26 de junio. Esta presentación tiene la virtud de incluir a Guillermo Moreno, candidato presidencial de Alianza País. Sin posibilidad de diálogo, de debate, nos complacemos con permitir que los candidatos ofrezcan su versión de los programas que tienen preparados. No resisten un planteamiento diferente, contradictorio, porque eso implicaría un esfuerzo mayor en las respuestas, o el riesgo de quedar mal con las contestaciones. Es esa la realidad de nuestra democracia.

Desearíamos que nos acostumbráramos a discutir como ocurre en otras experiencias democráticas. Aunque muchos no estén de acuerdo, lo que ha ocurrido en nuestra experiencia electoral es que los candidatos con mayor preferencia -con negativas baladíes- son los que se han negado a debatir. Y no se trata solamente de capacidad expositiva, sino de ventajas que no pueden ser expuestas, como lo hicieron en el pasado Joaquín Balaguer, José Francisco Peña Gómez, Leonel Fernández y Danilo Medina.

Por suerte tenemos políticos con capacidad y disposición para debatir. Luis Abinader, quien ha aparecido con insistencia en muchas encuestas encabezando las simpatías electorales, ha dicho estar dispuesto a debatir. Leonel Fernández, que antes se negaba a acudir a debates por ausencia de conceptualizadores, ahora dice querer debatir. Luis y Leonel se encuentran ubicados en la oposición al candidato oficialista, Gonzalo Castillo, que ha sido el candidato que más obstáculos ha presentado para acudir a los debates.

¿Cuándo tendremos la oportunidad de un buen debate, entre dos, tres, o cuatro candidatos presidenciales dominicanos? El nuevo país en que nos hemos convertido lo merece. Una ley electoral integral podría contener la obligatoriedad de los debates presidenciales. Así nos asegurados de que los seleccionados como aspirantes a la presidencia no tengan recursos para justificar su ausencia.

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