Editorial

Los débiles son los más

Es el perfil que predomina en cualquier economía de libertad para las iniciativas privadas. La creatividad fruto de la lucha por la vida se extiende como la verdolaga.

Los negocios de baja escala, que no siempre crecen con el tiempo, son fuentes de ingresos y de empleos que sumados dan más ocupación y sostienen millones de hogares en una proporción mayor que el de las corporaciones y empresas de envergadura.

Cuando el presidente Luis Abinader expresó que su gobierno tratará como prioridad a mypimes y microfinanzas asume, nueva vez quizás, un compromiso con un sector productivo primario y de servicios de mucho peso social, pero en desventaja, por lo general carente de influencias sobre entes decisivos, escaso de recursos y tecnologías.

Muchos de sus componentes navegan en la informalidad que les aleja del crédito de buena ley y de participación en la seguridad social y planes de pensiones.

El Estado no ha dado con la fórmula que salve extensamente de su marginación al submundo de pequeños fabricantes y de otros desempeños sin registro de contribuyentes o que como tales, si acaso, merecerían tratamientos especiales, estímulos y facilidades para crecer y modernizarse.

Para desocupar espacios públicos y llevar bajo techo sus actos generadores de bienes o componedores rudimentarios de cosas. Algunos milagros económicos como Taiwán se deben a muchos peces pequeños.

Cajas para líos y manipulaciones

Más de algún político prominente ha tenido devoción por el «situado» navideño que empaqueta comestibles y golosinas para desvivir a los pobres que se amontonan reducidos a la mendicidad ante los dirigentes y símbolos partidarios, un mecanismo que además de denigrar se presta para tráficos de influencia en la selección de proveedores con comisiones por debajo de la mesa.

También para que caciques y grupúsculos acaparen cajas entre bastidores. Convertir la asistencia pascual en bonos a ser recibidos en la misma forma que llegan otros subsidios es una feliz iniciativa de la administración actual.

No más acarreos con desvíos sospechosos de cargamentos o para garatas humillantes. No más oportunidades para que políticos inescrupulosos se improvisen taimadamente en revendedores de lo que se reservaba para dádivas.

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