Opinión

Los derechos del transeúnte: Quién los defiende?

Dr. Frank Espino

“La ley es  como la veleta de un viejo campanario, que varia según sopla el viento” 

Desde hace mucho tiempo venimos notando que cada día mas se violan los derechos del transeúnte y que no importa, se trate de niños, escolares, envejecientes, enfermos,  embarazadas y personas comunes, se comenten muchas imprudencias sobre todo los transportistas que en afán de desplazarse rápidamente en ocasiones han estropeado y hasta le han quitado la vida a cualquiera que camine en nuestras calles y avenidas.  Hay quienes afirman y con razón: “Posibilitar y garantizar un tránsito de calidad en condiciones de equidad es responsabilidad del Estado, que tiene el deber de regular el ejercicio de estos derechos, pues tal es el origen y el sentido de las normas jurídicas sobre circulación, tránsito y transporte”.

La acción del Estado debe tender a que cada ciudadano transite por la vía pública con el mínimo riesgo posible. Como todo derecho, su regulación demarca responsabilidades: el derecho de cada ciudadano a transitar implica el deber del Estado de permitir, posibilitar y garantizar el pleno ejercicio de ese derecho y, a su vez, la responsabilidad de cada ciudadano es ejercer el derecho propio respetando el de los demás.

Nuestro  tránsito es un problema complejo de muchos años.  Tiene que ver con una parte ética.  Otra histórica y  hasta geográfico. Las leyes están ahí, poco se ha agregado en los últimos tiempos desde el ángulo jurídico. La reflexión ética, en tanto, recoge los problemas vinculados con las consecuencias previsibles de las acciones de los transeúntes y  del ejercicio del derecho de tránsito en el seno de una sociedad.

Muy bien reflejaba un articulista a través del internet, con relación al aspecto del transito: “La gente transita por diferentes motivos y dedica una parte importante de su tiempo a esos traslados. La circulación no es igual en todas las ciudades ni en todos los barrios ni a toda hora. Los vecinos transitan por su localidad, de una ciudad a otra, o entre su localidad y zonas suburbanas o rurales” de una forma u otra es aplicable a nosotros en toda la geografía nacional, pero con una nota sobresaliente en las grande urbes.

Tenemos que buscar la forma  de que los sectores que luchan por el beneficio colectivo se reúnan. Se  busque un consenso de educación en todos los niveles. Profesores, padres, autoridades judiciales y policiales.  Que se cree una responsabilidad desde las escuelas hasta llegando a las universidades y en las gentes comunes.

Educar a los automovilistas  que muchas veces las vidas de los transeúntes depende de la sensatez de ellos  ya  que cuando salen de los distintos centros de estudios y trabajos o simplemente a divertirse no tienen una protección de una autoridad que con responsabilidad defienda sus derechos y eviten ser estropeados por algún desaprensivo. Pocos son los que utilizan normas de cordialidad ante los demás e  indefensos ciudadanos.  Debemos dar nuestros primeros pasos. Solo así haremos un país mas educado.

El autor es medico, escritor y profesor universitario

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