Opinión

Los pactos olvidados

Aquiles Olivo Morel

La historia está repleta de ejemplos  de pactos donde las naciones cedieron o mejor dicho se sacrificaron en determinadas demandas territoriales para alcanzar la paz con sus vecinos. Hay registros de pactos de no agresión en límites fronterizos sin renunciar por completo a los argumentos a través de los cuales se esgrimen diferencias; tampoco han estado ausentes las concesiones por parte de algunos países u organizaciones cediendo, flexibilizando posturas; en ocasiones, también, los pactos permitieron a los reinos llegar a encontrar el camino de la convivencia. En fin, los pactos ayudaron a encontrar vías para transitar en medio de los oscuros momentos de la confrontación, donde vidas humanas pudieron salvarse evitando así el descalabro de sociedades enteras.

Las negociaciones entre grupos en pugnas permitieron a las sociedades evitar el caos, impulsaron nuevas tendencias para conservar los valores, las infraestructuras y evitar  la destrucción.

A través de los pactos ha sido posible avanzar mucho más rápido, facilitando vías de entendimiento entre grupos étnicos, armonizando cuestiones ideológicas y, obviamente, enarbolando el respeto y el dialogo como elemento fundamental.

Hay muchas cosas a la hora de propiciar los entendimientos entre las partes: 1. Hay un reconocimiento de los derechos individuales. 2. Hay necesidad de propiciar un dialogo de doble vía, airear los enconos como punto de partida, sin dejar de reconocer los derechos individuales. 3. Y, sobre todo, aceptar los aspectos expuestos por ambas partes.

Acordar, pactar y conciliar ha sido considerado como los arreglos fundamentales en las Litis  y los conflictos. Un buen arreglo evitaría un desenlace fatal para las partes, anteponer el interés por encima del orgullo individual. Fraguar diálogos abiertos y sinceros ayudaría a un “arreglo”.

En las sociedades modernas la solución de conflictos entre los países, en las organizaciones  y también entre las empresas, se hace posible por la existencia de un grupo de organizaciones especializadas en estos aspectos de la conciliación procurando encontrar las vías más expeditas para estos propósitos.

Por ejemplo, la Organización de las Naciones Unidas (ONU), alberga en su seno la delegación de representaciones de, al menos, 193 países los cuales participan de las comisiones tal como lo establece el reglamento de la organización y pueden discutir los temas y contenidos de las propuestas expuestas por este tinglado de países.

Allí las hay sobre el cambio climático, los derechos de los niños, los aspectos de la democracia, la diversidad de género, sobre la seguridad, derechos humanos, alimentación y agua. En fin, podría discutir en su interior los más diversos aspectos de la convivencia humana.

Hay una corriente o tendencia, orientada a alcanzar logros específicos en salud, a través de un Tablero de Indicadores que más bien persiguen una nivelación para todos los países en vía de desarrollo.

A través de esta tendencia de diálogo y pacto se procura incrementar la velocidad de un conglomerado de sociedades  que, aunque llevan un ritmo de desarrollo económico ostensible, permanecen rezagadas en cuestiones fundamentales a las cuales solo se puede atacar impulsando pactos entre sus principales actores.

En algunos casos se reconoce la necesidad de los pactos salariales. Se cree en la importancia de revisar sistemáticamente las recaudaciones mirando los principales impulsores de la presión fiscal, y también el tema de la energía como un factor de primer orden en la producción.

La República Dominicana luce estancada en estos aspectos básicos para hacer posible la convivencia pacífica.  Hay evidencias de cómo los tres considerados como determinantes para el desarrollo, son obstaculizados por luchas de  intereses: no fue posible el pacto eléctrico, tampoco pudo colarse el pacto fiscal; y se evidencia, también, dificultad para relanzar el pacto educativo luego de llegarse a un acuerdo (Pacto de Educación), para evaluar sus resultados y medir su impacto.

No obstante, el comportamiento económico de la República Dominicana apunta a un crecimiento sistemático, los indicadores económicos así lo muestran. Las autoridades del Banco Central externaron la necesidad de impulsar un aumento de sueldos y el gobierno dio un paso hacia adelante en este aspecto. Sin embargo, el sector privado y las organizaciones sindicales (Los Gremios de los Trabajadores), aún deambulan de encuentros y más encuentros como ignorando el deterioro de los trabajadores, como consecuencia de estos desacuerdos. Algo anda mal en el mercado laboral, todos los saben y tienen que alcanzar algún tipo de acuerdo urgentemente. (“Salario en República
Dominicana se ha reducido; es más bajo que hace 40 años”. El Caribe, lunes 3 de junio de 2019).

¡Ni una cosa ni la otra! Ni los diálogos muestran resultados en esta dirección ni tampoco se alcanzan los pactos, tal como lo considera la ONU, como vía de incrementar mejores condiciones de vidas para estos conglomerados, ahora con un mayor riesgo por el auge de la tecnología y su impacto en los empleos.

Nadie ignora los riesgos del presente en el mercado laboral: La idea de asegurar un empleo de por vida en una empresa no es posible; las decisiones de los empresarios para abrirse paso, tampoco, se desconoce. Hay una visión de inmediatez -derecho al Desahucio- y de turbulencia para todos los trabajadores.

Los  gobiernos deben -me refiero a toda América Latina (AL)- mirar estos pactos pendientes como la vía por excelencia para evitar mayores consecuencias nocivas para estas sociedades en permanente evolución.

Creo que muy pocos no miran el futuro con incertidumbre y quienes se colocan al lado de la esperanza y el optimismo, al menos reconocen que hay que apostar permanentemente a encontrar mecanismos de entendimiento para evitar el sufrimiento, algo así como ampararse en la compasión y no renunciar jamás a alcanzar la concreción de estos pactos.

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