Editorial

Los vulnerables

No sabemos cuándo llegará la próxima tormenta o el próximo huracán o un imprevisible sismo. Pero los expertos y las autoridades tienen las informaciones acerca de los lugares donde habitan quienes tienen mayores probabilidades de convertirse en víctimas.

Ese conocimiento tampoco es ajeno a las personas comunes y menos a quienes viven en esas condiciones. Saben que en períodos lluviosos sus casas pueden flotar sobre agua, arrastradas por la corriente o terminar bajo una pared. Pero tienen que vivir en algún sitio.

Es la gran tragedia plantada por la inequidad social, la ausencia de políticas públicas sobre uso de suelo, la ilimitada ocupación de lugares para la sobrevivencia sin ningún tipo de control municipal o territorial. Una cuestión compleja, típica de sociedades como la dominicana.

El ministerio de Economía, Planificación y Desarrolló identificó ayer factores que tienden a perpetuar la repetición de los dramas y tragedias generados por los fenómenos naturales y señaló “la ausencia en el control del suelo a nivel municipal”, lo que sugiere la urgencia de que el Congreso apruebe la normativa de ordenamiento territorial, uso de suelo y asentamientos humanos.

El ministerio atribuye el crecimiento desordenado de las ciudades o la ocupación de suelos de vocación agrícola, a la falta de una normativa de límite de suelo urbano por los municipios. Pero sin desmeritar tal señalamiento, la cuestión tiene más implicaciones, y ahí entra en el juego la política, la pobre autoridad municipal, el gobierno en su conjunto, que históricamente se ha desentendido de esos problemas.

Faltan normas y reglas, pero también acción y cumplimiento de leyes que facilitan a las gestiones locales el ordenamiento de sus territorios en tanto llega una ley de ordenamiento territorial.

Además, el país tiene claramente identificadas las zonas vulnerables, como publica este diario hoy. Están ahí y crecen cada día, y los gobernantes de todos los tiempos prefieren la eficiencia de las declaratorias de emergencia que encarar el problema de los asentamientos en zonas frágiles desde todo punto de vista.

Las informaciones están disponibles. Se requieren recursos y una decidida voluntad para cambiar el panorama. Costará tiempo, pero por algún lado hay que comenzar. Ahora, al menos, pueden aprobar la ley.

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