Editorial

Luces y sombras de una nación

Dos pases simultáneos de revista, uno desde la perspectiva de los logros del gobierno en ocho años y otro desde una multitud abigarrada en la Plaza de la Bandera, mostraron ayer a los dominicanos las luces y sombras de su nación.

El presidente Danilo Medina, agotando su última obligación constitucional de rendir cuentas ante la Asamblea Nacional, exhibió un amplio y medible catálogo de realizaciones en el que los indicadores del desarrollo humano y social alcanzaron en ocho años sus más altos puntajes.

Este panorama consolidado muestra a un país de economía en continuo crecimiento, unas conquistas relevantes en la infraestructura del sistema educativo, aunque todavía incompletas por las bajas calificaciones de nuestros estudiantes, una mayor expansión del sistema hospitalario y de los alcances de la seguridad social y un turismo en imparable alza, pese a las inesperadas caídas del año pasado.

El presidente Medina, en su doble condición de jefe de la administración pública y líder político, tuvo la destreza de ejercer ocho años en el poder sin oposición real, con campo libre para cristalizar las promesas de su programa de gobierno sin interrupciones y con fuerte endoso del sector privado.

En sus dos períodos introdujo las tecnologías del gobierno electrónico, la República Digital y el sistema de atenciones de emergencia 911, impulsó programas de viviendas económicas, avenidas de circunvalación y de atención crediticia a los productores agropecuarios y pequeñas y medianas empresas, tenido con estos últimos una rutina de “visitas sorpresa” cada domingo, lo que ningún mandatario dominicano ha hecho.

Pese a estas indiscutibles realizaciones, un amplio segmento de la ciudadanía, en particular la que representan los jóvenes que vienen manifestándose pacíficamente desde la abrupta suspensión de las elecciones municipales del día 16, deplora que la corrupción administrativa se haya entronizado, privando a la sociedad de recursos sustraídos o dilapidados.

También señalan, como sombras que oscurecen el panorama de la nación, la impunidad ante delitos como estos, la falta de transparencia de muchas acciones que ejecuta el gobierno, las difíciles condiciones que enfrentan los jóvenes para conseguir empleos, aunque se hayan graduado en profesiones o carreras técnicas, así como la inseguridad ciudadana.

Pero la frustración más profunda la tienen estas nuevas generaciones con el sistema y el liderazgo político, al que atribuyen una miope visión acerca de las necesidades y expectativas de la juventud.

Este sentimiento es el que ha emergido, con la fuerza de las llamas de un volcán en erupción, tras el fracaso de la prueba electoral, un espacio en el que aspiraban (y aspiran todavía) hacer valer sus propuestas de futuro.

Con la frustración encima por el aún no esclarecido origen y responsabilidad del funesto fallo del sistema de voto automatizado, este despertar de una juventud que reclama castigo por ese fiasco, amplifica un clamor para que esta sociedad se libere de las sombras que hoy opacan las muchas y positivas conquistas materiales que exhibimos, de las que todos estamos llamados a beneficiarnos.

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