Opinión

Luis Abinader y lo mismo de siempre, una historia de tragedia sobre la democracia y el poder del Presidente.

Por Fernando Peña

Siempre, en cada gobierno, el presidente electo acomoda leyes, poder y medios para asegurar su éxito.

Luis Abinader y su gobierno no será la excepción.

Pero, se está supeditando demasiado a la mediática del poder.

Asistimos a un periodo de la comunicación como gobierno.

Sucumbe el presidente Luis Abinader y su gobierno a los llamados “líderes de opinión”, o mediáticos, algunos de los cuales ya están en su gobierno, individuos apoyado por el gran poder de los medios de comunicación y sus empresarios, buscan incidir en la toma de decisiones; y lo han logrado.

Los medios de comunicación, sus empresarios y voceros periodistas han optado políticamente hacia la toma del Poder para defender al mercado; su crisis de la legitimidad ante el auge de los medios comunitarios y digitales en el internet.

Están incidiendo en los modos de la política, la gobernabilidad y la democracia; porque nos hemos metido en una democracia mediática, una política del espectáculo.

Y es que comunicación y política son juegos de afectos y celebraciones del ego. ¡Cuidado presidente!

Cuidado si caemos en la desconexión de los medios con los ciudadanos y conexión con el poder.

La crisis puede llegar a todos, los medios dejar de ser contrapoder; bajar su credibilidad y su legitimidad social.

Si, gobernar es ganar la batalla de la información, pero cuidado.

Hay una obsesión por lo mediático, por el espectáculo desde el gobierno y el ministerio público.

Lo de la regulación a la publicidad estatal no es fortuito.

Es la concentración del Poder. Es direccional… el gobierno decide orientar el “mercado de la opinión pública”.

Va hacia favorecer a los grandes medios y líderes de opinión, ya empezaron, le sigue el monitoreo de lo que los medios informan, diseño estratégico de la propaganda, manejo discrecional de la publicidad oficial, creación de un sistema estatal de medios, redes de comunicadores como producción controlada de información a través de un Centro de Información.

El gobierno se convierte en un productor de información, pero acusa y crítica, persigue legal e ilegalmente.

Hasta ahora el gobierno y los representantes de los grandes medios llamado líderes de opinión van ganando la batalla y la iniciativa política.

Su estrategia es no dar sosiego a la opinión pública, estar ahí siempre haciéndose visible y gobernando en público.

Pero, frente a la hipermediatización de la política, la gente se va desenganchando, desorientando.

Hasta cuando duraran esos amoríos de la gran prensa y sus voceros con el gobierno… o será una historia de un amor casi perfecto, pero que, para ser verdaderamente democrática, en algún momento le hará falta los ciudadanos.

Porque la gente en las calles, los ciudadanos dicen, llegará a oído del gobierno, que el nuevo Presidente está encantado por los medios y el poder, tanto que está convirtiendo a la información y a la institucionalidad del país en su feudo de amigos, de clanes de familias nombradas en los puestos importantes del Estado, de antiguos periodistas opositores al pasado gobierno que hoy son embajadores … a lo calladito la gente está escandalizada… Lo mismo de siempre, una historia de tragedia sobre la democracia y el poder del Presidente.

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