Editorial

¿Manual o automático?

La Junta Central Electoral (JCE) presentó una nueva propuesta de votación de conteo manual y voto automatizado en los colegios para las elecciones municipales. La JCE introduce “el conteo manual” de la totalidad de los votos emitidos al recién utilizado sistema de votación automática.
Es clara la actitud en mantener ese sistema de votación y se busca la aquiescencia de los partidos, pero tememos que el procedimiento propuesto no responde los cuestionamientos surgidos después de las votaciones del 6 de octubre.

Lo esencial es que las primarias pasadas, consideradas como un ensayo, generaron problemas que provocaron descreimiento en el sistema, tanto de que quienes se consideran afectados, como de un amplio segmento de los votantes. La transparencia ahora es más importante si se consideran implicaciones posteriores ante resultados que den pie a reclamos.

Quienes insisten en el voto automatizado centran su atención en la agilización del proceso, cuando lo importante es generar confianza y garantizar que el sufragio refleje la voluntad del elector.

Es un asunto capital, porque persisten dudas sobre lo ocurrido el 6 de octubre, ya que no se agotaron los protocolos de averiguación exigidos, como una auditoría técnica a cargo de entes calificados.

En el sistema de votación de las pasadas elecciones nacionales, uno de los ejes centrales de seguridad lo constituyó la huella dactilar. Según la nueva propuesta de la JCE, la verificación de la huella no forma parte del método de identificación del votante.

Una de las quejas de partes, es que en algunos municipios se votó por delegación. Que masivamente fueron compradas cédulas y en complicidad con autoridades y delegados de los centros de votación una persona sufragó ininterrumpidamente una y otra vez con cédulas de terceros.

Si la tradición del voto ha sido manual, con papel, imágenes y marcadores, y progresivamente con el uso de tecnología para acelerar el cómputo, por qué insistir en la automatización, en el uso de una máquina, que al mismo tiempo representa una dificultad para ciudadanos que no están relacionados con los instrumentos electrónicos. Fueron muchos los casos en los cuales los funcionarios de las mesas debieron ayudar a la gente a manejarse con la “máquina automática”.

No parece prudente cambiar la seguridad del voto por una pretendida agilización del proceso.

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