Editorial

Más combustible

Tras las incesantes protestas en demanda de la renuncia del presidente Jovenel Moïse, el panorama social y político de Haití se torna cada vez más incierto. Como si no bastara con los múltiples problemas que han sacado a las calles a amplios sectores, la nación podría quedar sumida en la oscuridad por la escasez de combustible para generar electricidad.

Antes del reinicio de las movilizaciones que el domingo dejaron dos muertos y sembraron el caos con incendios en las vías y asaltos de establecimientos, la empresa Sogener, una de las principales generadoras de energía, había avisado que suspendería el servicio eléctrico si el Gobierno no se pone al día en los pagos.

La compañía dijo en un comunicado que si el Banco de la República de Haití no eroga los recursos correspondientes no se recibirá el último pedido de 30 mil barriles de fuel oil.

Por estos predios, que de alguna manera sufre las consecuencias de la crisis haitiana, no queda más que mantenerse alerta. En lo que constituye una rutina el Ministerio de Defensa instruyó a los mandos militares para que tomen las precauciones correspondientes, como aconsejan las circunstancias, para enfrentar cualquier impasse, sobre todo en cuanto al éxodo de despavoridos nacionales de la vecina República.

Desde que estallaron las protestas contra la corrupción de Petrocaribe, que las autoridades no acaban de aclarar, la gobernabilidad en Haití comenzó a resquebrajarse en forma inquietante. Pero la comunidad internacional, antes de reclamar una investigación seria para establecer responsabilidades sobre el supuesto fraude, se decantó por un diálogo, que no prosperó, entre el acorralado presidente Moïse y la oposición.

A la indignación contra la corrupción se agregó otro componente mucho más explosivo: el elevado costo de la vida, que llevó a los haitianos a intensificar las protestas, pero ahora en demanda de la renuncia del Presidente tanto por supuestamente beneficiarse del desvío de recursos de Petrocaribe como por su alegada incompetencia para resolver la crisis económica.

Sin un cuerpo policial preparado para resguardar el orden público y la seguridad ciudadana, en tanto la atmósfera se deterioraba a un ritmo inquietante, la decisión de las Naciones Unidas fue retirar los soldados desplegados en la nación para resguardar la gobernabilidad, porque se había cumplido el plazo. Sin combustible para energía ni transporte y con el alto costo de la vida la realidad es que no se sabe cuál puede ser el desenlace en una nación que, para colmo, tampoco ha podido formar Gobierno.

Por aquí no queda más que mantenerse alerta.

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