Editorial

Más que oportuno

Si observamos el desempeño de la administración del presidente Danilo Medina se llega a la conclusión de que ha preferido el endeudamiento para eludir una reforma fiscal, no sólo por mandato de la ley 1-12 de Estrategia Nacional de Desarrollo, sino por la dinámica económica, y con el aval de distintos sectores.
La Ley 1-12 en su artículo 36 consigna “la necesidad de que las fuerzas políticas, económicas y sociales arriben a un pacto fiscal orientado a financiar el desarrollo sostenible y garantizar, la sostenibilidad fiscal a largo plazo, mediante el apoyo sostenido a un proceso de reestructuración fiscal integral y el marco de una ley de responsabilidad fiscal que establezca normas y penalidades para garantizar su cumplimiento”.

Parece que recurrió a la lógica de la política para mantener la gobernabilidad sin pasar por un sobresalto de un ajuste fiscal por más consensuado que fuese.

Con el endeudamiento ha podido viabilizar la sostenibilidad fiscal, y diseñar presupuestos que le permiten mantener la economía en crecimiento. Pero su política presupuestal en promedio ha demandado desde 2013 un volumen de préstamos equivalente al 30.8% de cada Presupuesto, según revela un trabajo de Héctor Linares publicado ayer.

Asimismo, ha impulsado un proceso dirigido a reducir la evasión y la elusión fiscal mediante el perfeccionamiento de la gestión de la Administración Tributaria.

La política de mejoras en la administración tributaria ha sido exitosa, pues ha posibilitado aumentar las recaudaciones de los últimos años en una proporción cercana al 1% del PIB sin crear nuevos impuestos.

Pero el aumento de la eficiencia recaudatoria no es un mecanismo de rendimiento infinito y constante. En algún momento tocará techo.

Seguir financiando el Presupuesto Nacional en la magnitud y forma en que se ha hecho en los últimos años, y profundizado a partir del 2013, no es sostenible.

El nuevo gobierno estará compelido en hallar otra vía para financiar el desarrollo de modo que la deuda no se convierta en un sifón que se trague las finanzas públicas.

Es un tema que requiere atención. Es más que oportuno para quienes piensan conducir la República a partir del 16 de agosto.

¿Lo dejarán para la transición?

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