Editorial

Medidas que son de orden

Con la prudencia que muestran las autoridades contra los riesgos de las actuaciones exageradas y miedos pánicos, el sistema de salud debe ingresar plenamente en la adecuación de instalaciones y aprovisionamientos para enfrentar un previsible aumento de la demanda de servicios hospitalarios. Por todo sitio del mundo las fronteras han sido incapaces de detener el avance del coronavirus Covid-19 aunque no por eso deba desmayarse en detectar viajeros con síntomas de anormalidades respiratorias. Para la mayoría de los países ya tocados por la pandemia enfrentar su expansión ha sido tarea crítica y difícil prueba para las estructuras sanitarias. Escasean medicamentos y espacios para aislar personas.

República Dominicana debe adelantarse a los acontecimientos con la apertura de más salas y centros para alojar y dar atenciones separadas del resto de la población a portadores del microorganismo o que ya desarrollan la enfermedad. Aunque no existan todavía los antivirales y vacunas específicas para el nuevo mal, muchos humanos lo están superando con medicamentos efectivos para tratar infecciones comunes y neumonías. China es ejemplo de ello. La posibilidad de recuperar la salud es estadísticamente alta. Lo más importante es seguir fielmente los protocolos y procedimientos que reducen contagios y evitan deterioros en los organismos humanos alcanzados por la infección.

Persistencia del fuego cruzado

A fin de cuentas, en discursos de opositores y embestidas juveniles al orden de cosas que causa rebeldía, aparece también con su diferencia de matices buena parte de las observaciones negativas suscritas por el Departamento de Estado de Estados Unidos a situaciones del país y a la justicia en particular. En el verbo contestatario que resonaba en la Plaza de la Bandera brillaba por su ausencia el tratamiento diplomático. No era un Estado quejándose de otro Estado al que atribuye faltas.

Sin razón para vincular los orígenes de tales recriminaciones, importan mucho los recurrentes motivos y hechos que llevan controversialmente a observadores foráneos de la realidad dominicana, y a muchos de los que en ella viven, a diagnosticar con sombras el respeto a los derechos humanos y el tratamiento a supuestos actos de corrupción.

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