Opinión

Meditación contra depresión

Oscar López Reyes

El temor a contraer la Covid-19 y el confinamiento prolongado, en el tarro del hastío, ha estremecido espiritualmente a los terrenales. Cuatro de cada 10 dominicanos han padecido ansiedad y depresión -el 75.8% por primera vez- durante los diez meses transcurridos de la pandemia, conforme un estudio efectuado por el laboratorio Emociones, Salud y Ciberpsicología de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), con una muestra de mil 600 personas.

Son múltiples las terapias para afrontar las citadas patologías, y una de las más efectivas ha sido, desde los tiempos antiguos, el Mantra Yoga Meditación (MYM), como se comprueba científicamente. Igualmente, psiquiatras y neurólogos sostienen que los medicamentos incrementan los químicos que existen en el cerebro, aparte de que pronto dejarán de funcionar.

En ese enrejado, la meditación ancla como un blindaje emocional natural, que aleja de ansiolíticos o pastillas y sus secuelas secundarias ante la angustia por el desempleo, las deudas y otras vicisitudes financieras, las enfermedades y la incertidumbre por la presencia y destrozos de fenómenos de la naturaleza.

¿En qué consiste la meditación?

 Nos sentamos cómodamente en una banqueta o en una colcha tendida en el piso. La cabeza y la columna vertebral han de estar erguidas o en línea recta y estáticas. Los brazos colocados sobre las piernas, con las manos en las rodillas. Los ojos cerrados. Un silencio absoluto. Relajado profundamente. Mentalmente repite, por 30 minutos, un mantra o sonido trascendental, como OM…, OM…, OM… (se pronuncia A-U-M), hasta alcanzar el estado de reposo más sublime o relax.   

 En ese aquietado y plácido enmudecimiento, instantáneamente queda suspendido el contacto con el mundo exterior. Se borran los espacios físicos, como las metrópolis, las campiñas, los centros laborales y educativos, los estudios y la familia. Y también se esfuma el tiempo, como los segundos, minutos, horas, días, semanas, meses y años, no importa que sea primavera, verano, otoño o invierno.

 Durante la meditación, no se siente el esqueleto orgánico y se disipan los secretos íntimos, el pensamiento y las palabras, porque las sensaciones se interiorizan en un latir envuelto en el éxtasis más reservado e iluminado. Ni ligeramente se perciben los latidos del corazón. 

 Para practicar el Mantra Yoga Meditación (MYM) recorremos por lo menos diez ramales:

 1.- Ponerse una vestimenta blanca (símbolo de paz) y elástica, estar descalzo.

 2.- Tener el estómago vacío. No ingerir alimentos, dos horas antes.

 3.- Meditar todos los días -en un paraje y a la misma hora-, preferiblemente en las primeras horas de la mañana y la noche.

 4.- Realizar el MYM individualmente o grupal, comenzando con un saludo al Sol (Surva Namaskar), que significa luz y conocimiento, y simboliza salud e inmortalidad.

 5.- Situarse en un lugar ordenado, aislado, sin ruido ni interrupción, bajo una temperatura agradable.

 6.-Tocar las plantas de los pies en el piso, si está descansando en una silla, o juntarlas en un semi-círculo, cuando esté sentado en el suelo.

 7.- Colocar las palmas de las manos sobre las rodillas, hacia arriba durante el día y hacia abajo en la noche. O la mano derecha encima de la izquierda, siempre echadas en las rótulas. 

 8.- Relajarse física y mentalmente, y poner la mente en blanco, inhalando y exhalando suave y profundamente.

 9.- Iniciar la meditación con una invocación al Padre Creador y pronunciar el mantra, en silencio y repetidamente, alargando el sonido de las letras. Si el mantra es OM (A-U-M): AAAAA-UUUUU-MMMMM.

 10.- Cuando se distraiga o la mente salte, cuente descendentemente: 50, 49, 48,….2, 1 y 0. O 100, 99, 98……2, 1 y 0. 

 Desde tiempos inmemoriales en La India, y hoy en el globo terráqueo, para pertenecer a un círculo iniciático se precisa participar en una ceremonia de iniciación, que abarca un ayuno particular por 4-8 horas, ofrendar en el altar del centro de meditación – arreglado con una vela o una lámpara de aceite encendida-, quema de incienso y una música clásica temática/devocional hindú (violín, piano, arpa, etc.); flores, manzanas, uvas, naranjas, guineos maduros y otras frutas. Recibe instrucciones sobre cómo meditar y sus beneficios, le asignan un mantra conforme a su personalidad y ensaya la meditación, para el maestro o instructor determinar si ejercita la técnica correctamente.

 El protocolo del principiante a la vivencia espiritual adquiere singularidad, en virtud de que demuestra -después de un corto período de reflexión- que está decidido a emprender, imperturbablemente, el sendero de la realización, bajo ciertos parámetros, como la renunciación a los apegos mundanos y la limitación a iguales deseos. Este acto especial guarda similitud con el bautismo, la primera comunión, la graduación secundaria y universitaria, y el matrimonio. 

 El mantra se le conoce como una invocación o canto que, repetido silenciosamente (japamala), por la vibración cósmica deviene en un poder sanador del cuerpo, la mente y el espíritu. Estos himnos védicos vinculan el sonido o bija mantras con la energía y la metafísica hindú, que dominan los objetos.

 Los mantras se conforman por una palabra, una oración, una frase, un versículo, un pensamiento o una afirmación, que denotan significados y se repiten individualmente o en ceremonias o ritos grupales. Proveniente del milenario hinduismo y budismo, estas fórmulas lingüísticas eliminan las toxinas en el organismo, la ansiedad, el miedo, el sufrimiento, los estados de inferioridad y otras patologías, y fortalecen la voluntad y la creatividad.

Los médicos especialistas señalan que el mantra impacta las glándulas Pineal, productora de la melatonina u hormona de la juventud, y Pituitaria, que segrega las hormonas que regulan la homeostasis. En ese cántaro, crece el equilibrio hormonal y la homeostasis, ensanchando el camino para lograr los objetivos y metas, como es la prolongación de la vida.

 Antes y después del MYM, los meditadores reconocen -en silencio y en plegarias- al Gran Dios como su guía y protector, y atribuyen su existencia y sanación a la gracia divina. Sienten su presencia, su luz, su alma iluminada, su fuente de sabiduría, su amor y paz. Lo perciben dentro de sí, porque su cuerpo lo estremece -y por todo su poder y misterios- depositan su confianza absoluta en Dios y quieren ser Dios.

 La Nirvana, o estado supremo de felicidad, con ausencia total de sufrimiento, no se consigue en un abrir y cerrar de ojos, sino con el ejercicio cotidiano -matinal y nocturnal- continuo, en la cascada temporal, adormecido por el quieto escuchar de los cánticos de los mantras, las canciones espirituales, los pájaros y otros retumbos naturales y ambientales; por el soplo de las cristalinas corrientes de los ríos, los oleajes del mar y los vientos de las montañas; los tenues goces de las lluvias y el perfume aromatizado de los árboles.

 El practicante de la meditación transita por carriles similares a la flor: las semillas son plantadas en la tierra. Echan raíces con la luz y el agua. Brotan tallos y hojas. Polemizan. Exhiben sus bellos y elegantes pétalos. Fecundizan y sus plántulas se preservan para otra generación de la floricultura.

 Como se observa, el arbusto evoluciona durante un ciclo, en fases: simiente, espesura, capullo y ramaje. Para cambiar los hábitos y actitudes, desterrar síntomas y dolencias, y mejorar la calidad de vida y la salud general, se precisa empeño, consagración y paciencia en el tiempo.

 Swami Gurú Devanand Saraswati Ji Maharaj, fundador de la Sociedad Internacional de Realización Divina (SIRD), se solaza en sus instructivas y adiestradoras explicaciones sobre el Mantra Yoga Meditación (MYM). Las segmentamos, extraídas de sus propias palabras, en cinco ramilletes: el individuo, la familia, la comunidad, el país y el mundo, porque “La paz mundial viene de la paz individual”.

 Los gurús aplicaron esta técnica milenaria en La India para suprimir la ansiedad, los estados depresivos y los vicios, así como para desconectarse del acelerado ritmo cotidiano en el descanso y la psicoterapia para un cambio en el estilo de vida. En la época contemporánea, estudios con resonancia magnética por imágenes del cerebro, aplicadas a meditadores experimentados, confirman la eficacia y bondades de esta práctica espiritual y filosófica.

 Evidenciado está que la meditación anula las preocupaciones, el nerviosismo, la inseguridad, la histeria, los trastornos por déficit de atención, la hiperactividad y los vicios de fumar y jugar en las tabernas. Avitualla como una autoayuda, con la fragancia de una flor con pétalos seductores, para robustecer la conciencia emocional, sin las píldoras somníferas, el autocontrol y sepultar desmayos del alma y pensamientos errantes.

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