Opinión

Mejor legado empresarial en 2020: Una cultura innovadora

José Calderón

En el 2020 y en los años subsiguientes, muchos empresarios estarán traspasando la conducción de empresas pequeñas, medianas y grandes a una nueva generación. Los empresarios reflejarán su paternidad responsable entregando empresas financieramente sólidas, mercadológicamente bien posicionadas, organizadas para rutinas eficientes y hasta bien dotadas en términos de tecnología, en muchos casos.

Pero, en contraste con los relevos del pasado de empresas prevalentemente familiares, el contexto actual demanda a los nuevos líderes empresariales que no se limiten a fortalecer los negocios, sino también a transformarlos para competir en el presente y en el futuro. Esta transformación dual de los negocios es un imperativo para ser resilientes y, al mismo tiempo, crear alternativas de crecimiento futuro en un ambiente volátil, competitivo, impulsado por tecnología, donde también existen consumidores más empoderados y mutantes.

Existen signos que indican la urgencia de la transformación dual de los negocios en cualquier industria, entre ellos:  Más competidores directos e indirectos; disminución de los márgenes de ganancias; impacto de nuevos productos y modelos de negocios; cambios en los hábitos y lealtad de los consumidores.

Alertados por tales signos, los nuevos líderes empresariales tratarán de transformar sus empresas invirtiendo en tecnología, capacitando personal, contratando consultores, desplegando nuevos productos y modelos de negocios, y hasta dándose un viajecito al Silicon Valley. Es muy posible que los resultados no sean los esperados, perturbando al patriarca familiar que merece descansar. Razón: falta de cultura innovadora en las empresas.

La falta de cultura innovadora se refleja en la ausencia de elementos importantes: propósito superior empresarial; empoderamiento y facilitación para experimentar y asumir riesgos; involucramiento y entendimiento de las necesidades obvias y latentes de los clientes; colaboración interna y externa; filosofía de aprendizaje continuo; y sistemas administrativos pro-innovación, entre otros.  El examen, que cubre siete diferentes dominios, es parte del estudio necesario para establecer si la empresa tiene la Organización Viable Mínima para innovar.

Un problema recurrente es caer en la inercia organizacional, reflejada en la repetición de las barreras de la innovación en seminarios, reuniones y planeamientos estratégicos, años tras años. De manera que, a partir de un buen diagnóstico, los nuevos capitanes deben accionar con intervenciones para erradicar los malos hábitos y establecer los elementos de la cultura innovadora en el DNA de las empresas.

Sin tales intervenciones, las inversiones en innovación son un gran desperdicio de recursos, y restan credibilidad y momentum a tales esfuerzos. Por ejemplo: ¿De qué sirve contratar jóvenes con maestrías de Barna o reentrenar personal operativo en Infotep, si estarán 100% inmersos en rutinas diarias y no tienen tiempo para crear, idear y experimentar y, al final, son mejor valorados si no cuestionan el status-quo?

Seamos claros. El camino hacia la creación de la cultura innovadora es complejo y requiere una participación visionaria, holística y comprometida de sus principales actores. Sin apoyo estatal más allá de medidas que faciliten los negocios, no habrá cultura de innovación. Sin un nuevo modelo de gestión educativa, investigativa y relacional que articule los ecosistemas del conocimiento y el empresarial, no esperemos una masa crítica de talentos creando valor. Y naturalmente sin una mentalidad emprendedora ágil, colaborativa, experimentar y tolerante a los riesgos, seremos los mejores aliados de nuestros competidores.

Por eso, el mejor legado empresarial es sentar la base cultural para innovar , donde un ecosistema de emprendimientos e innovación serviría de elemento catalizador y acelerador de valor incomparable.

El autor es promotor de los ecosistemas regionales de emprendimientos, productividad e innovación, según propuesta depositada en el Consejo Nacional de Competitividad en enero 8 del 2019, anunciada posteriormente por el Presidente de la República en su discurso del pasado 27 de febrero y enriquecida por líderes e instituciones empresariales de Santiago, desde noviembre 24 del 2016

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