Opinión

Misión del arzobispo Héctor Rafael Rodríguez

Por: Rafael A. Escotto

El mundo vive hoy una vida convulsa y la República Dominicana no escapa a ese universo borrascoso. Los pueblos están expuestos a enfrentamientos de diferente naturaleza por esas influencias, tanto externas como internas. El grado de deterioro social y espiritual es manifiesto y preocupante. Además, de estos cuadros se hace visible en nuestras sociedades una marcada ausencia de estabilidad emocional causante de erupciones violentas y súbitas imperceptibles en otros tiempos.

No solo las iglesias cristianas están alarmadas por estos estados espirituales, las instituciones psiquiátricas mundiales y a las nuestras también les preocupa los altos índices de violencias.

El psicólogo español Arturo Torres, en uno de sus trabajos más importantes: «Inestabilidad emocional: ¿qué es y en qué señales se puede detectar?», plantea que «la inestabilidad emocional puede ser prácticamente inocua si el contexto es propicio, pero en otros casos extremos puede llegar a ser un fenómeno psicológico vinculado al malestar tanto de quien lo experimenta en primera persona como de las personas cercanas a la anterior».

En el discurso de toma de posesión el recién designado arzobispo metropolitano de Santiago de los Caballeros, monseñor Héctor Rafael Rodríguez, dijo que en su misión se centrará en tres cosas: «enseñar el evangelio, anunciar el mensaje de salvación y santificar a través del culto».

Hay que ir más allá de la cosmovisión de las religiones para llegar a la consciencia humana.

En el acto de toma de posición del prelado católico estuvieron presentes el presidente y la vicepresidente de la República, Luis Abinader Corona y Raquel Peña, respectivamente. También el nuncio apostólico, monseñor Piergiorgio Bertoli.

En una sociedad en la que la mayoría de sus habitantes caminan hoy sobre el pecado de los malos deseos, la perversión sexual, las bajas pasiones, la avaricia, la idolatría, de fornicadores, de ladrones, es urgente que los hombres de fe vuelvan a insistir que las personas y los creyentes rechacen el pecado a través de la educación y la cristianización para buscar la salvación y lograr entrar al reino de Dios.

Santiago de los Caballeros, como conglomerado humano y social, como polo industrial de desarrollo socioeconómico sólido y como centro importante para el crecimiento de la fe cristiana está logrando grandes éxitos materiales, sin embargo, está necesitado de muchos mensajes y de prédicas que eviten que su pueblo caiga en el pecado, como manda el Señor en Hechos, capítulo 13, versículo 47, que dijo: «Te he puesto por luz para las naciones, a fin de que lleves mi salvación hasta los confines de la tierra».

Por su misión al frente de la arquidiócesis de Santiago, monseñor Héctor Rafael Rodríguez avala con su presencia ese deseo de salvación que se hace tan necesario y apremiante en estos momentos en los que hay una pérdida de fe tan lamentable, su obra no solo es enorme, necesitará de mucha fuerza espiritual y, sobre todo, tener esperanza para que sus palabras alcancen a transformar el corazón de piedra de algunos hombres para que les dé un corazón y un espíritu nuevo, como dijo Ezequiel.

La actividad política tiende a transformar a los hombres que la practican. Dijo el salmista que solo el de conducta intachable, que practica la justicia y de corazón de verdad, que no le hace mal a su prójimo ni le acarrea desgracia a sus hijos, vale la pena seguir.

Hombres que estuvieron en el poder político y no hicieron nada o hicieron muy poco por el bienestar de su pueblo, que no sea acumular riqueza para sí mismos, hasta que no se purifiquen de todo lo que contamina el cuerpo, la mente y su espíritu no podrán volver a gobernar. Tienen que superar los males que produjeron con sus actuaciones durante sus mandatos. Tienen que hacer como los corintios, según el apóstol Pablo, que experimentaron el agradecimiento en Dios.

Estamos seguros que Dios ha de proporcionarle al pueblo dominicano, en su momento, el gobernante con talento, no el de talento que inmediatamente lo tuvieron negociaron con él, como dijo Mateo en una de sus parábolas, sino el de corazón apacible, que fomente la salud y el progreso material y espiritual —si no es que lo tiene ya— para que el trabajo de cada dominicano contribuya a fortalecer la nación haciéndola más rica, más próspera, por la gracia de Dios.

Sepan mis lectores, finalmente, que Santiago está a punto de convertirse en la capital industrial y tecnológica de América Latina por la alta capacidad de desarrollo de sus empresarios, el talento de sus jóvenes profesionales que buscan insertarse a través del fortalecimiento y el aprendizaje de los idiomas que pautan los desarrollos comerciales y la tecnología de punta del mundo, tales como inglés y el chino mandarín, como expresara el economista y experimentado embajador dominicano en Corea del Sur, Federico Cuello Camilo.

La inversión de Corea del Sur en el país, sobre todo, en Montecristi, repercutirá afirmativamente en el progreso de la región del Cibao. Para preservar estos beneficios socioeconómicos producto de la inversión extranjera hay que tratar de sacar la violencia de nuestras sociedades. La violencia  hoy día necesita de la predicación cristiana para poder dominar su furia.

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