Editorial

Mujeres en desprotección

A pocos días de elevar brindis por el bienestar, en República Dominicana habrá concluido también un año de incesantes tragedias que en escalada golpean vidas de mujeres. Las frías, y generalmente incompletas estadísticas oficiales tomadas con metodología que opaca hechos, no consuelan a nadie. La realidad, tratándose del don invaluable de la vida, se ensañó descomunalmente en el 2019 contra los seres femeninos. La violencia que parte de la brutal visión machista que domina comportamientos lejos de ceder, crece. El registro de 70 asesinatos a la vuelta de doce meses, la mayoría de ellos de características horrendas, colocan a este territorio entre los más azotados por las agresiones mortales llamadas feminicidios.

Una parte de la población paga un alto precio en coincidencia con una mayor integración suya a la vida productiva. A pesar de su progreso, un considerable sector femenino permanece afectado por desigualdades salariales con mayor desempleo que sus congéneres masculinos. Persisten las subordinaciones a hombres-monstruos que con frecuencia irrespetan las órdenes de alejamiento para matar. Los mecanismos institucionales de protección son superados por la barbarie. Las impredecibles conductas de posesivos matadores sumidos en instintos destructivos acentúan la indefensión de muchas mujeres. Los programas de reeducación contra el maltrato son una gota en el océano.

Infuncionalidad aeroportuaria

Las crecidas estacionales de flujos de viajeros ponen siempre a prueba con preocupantes resultados las operaciones de entrada (sobre todo) y salida por la importante terminal aérea de Las Américas, que caen en lentitudes que congestionan irritantemente salones y rutas en perjuicio de personas que deberían atravesar trámites de corta duración. De repente se agravan los problemas de espacio, de gestiones de personal y de coordinación entre una decena de dependencias anquilosadas.La casi totalidad de los pasajeros nacionales y extranjeros de esta época llega en vuelos procedentes de instalaciones mayores en el exterior transitadas a diario sin problemas por enormes concurrencias y centenares de despegues y aterrizajes. Las fallas locales restan hospitalidad al país cuya fachada aeroportuaria incluye además una caótica y abigarrada multitud.

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