Editorial

Ni simulacro ni juego

Más tarde o más temprano, con menos o más profusión, el coronavirus circulará en República Dominicana, donde hasta ayer las autoridades habían detectado cinco casos de contagios comprobados. La eficiencia en el manejo del protocolo de prevención o contención, junto a la colaboración ciudadana evitará su expansión.

El director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, ha advertido que esa pandemia no es un simulacro sino una auténtica emergencia sanitaria mundial que ya ha penetrado en más de cien países, causando casi cerca de cuatro mil muertes y más de cien mil personas contagiadas.

Los cinco casos detectados han sido de extranjeros y dominicanos que residen o visitaron Italia, dos de las cuales retornaron a sus hogares y aunque las autoridades alegan tener control sobre su situación médica, prevalece el temor de que se detecten otros ciudadanos con síntomas de la enfermedad.

En Estados Unidos, donde ya se confirmaron más de cien casos de contagios, el Congreso aprobó a la Casa Blanca una partida de US$8,500 millones para emprender diversos programas federales de contención del coronavirus, cuya expansión ha hecho caer las bosas de valores a nivel mundial.

Gobierno y población están compelidos a aunar esfuerzos en la ingente tarea de detener o disminuir la incidencia de ese virus que además de una emergencia sanitaria constituye un motivo de gran peligro para el turismo, las exportaciones, comercio e inversión. El coronavirus no es simulacro ni juego.

Cinco días

Incluido el de hoy restan cinco días laborables para que la Junta Central Electoral (JCE) afronte y resuelva todos los temas pendientes relacionados con el montaje de las elecciones municipales a celebrarse el domingo 15. El tiempo apremia.

Esa misma cuota de días y horas obra para el Gobierno y liderazgo político, compelidos a arribar cuanto antes a acuerdos logísticos y legales que garanticen comicios libres, transparentes y concurridos, en jornada democrática durante la cual se respete íntegramente el derecho y la voluntad de los sufragantes.

En cinco días laborables, la JCE, Gobierno y liderazgo político tienen el reto de recuperar la confianza extraviada por la suspensión de las elecciones del 16 de febrero y de reparar el daño infligido a la democracia por el pecado de la acción o la omisión.

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