Editorial

Ni un dólar más

Sin importar quién gane las elecciones en Estados Unidos o cuánto tardará en aplicarse una vacuna contra el coronavirus, República Dominicana está compelida a prepararse para afrontar en el corto plazo escenarios sanitarios, económicos y sociales aún más difíciles, en el entendido de que lo peor aún no ha pasado.

Al Gobierno le corresponde gestionar la unidad nacional sostenida en altas dosis de diálogo y consenso para abordar los grandes retos que debe afrontar la nación, cuya economía ha sufrido en menos de ocho meses un decrecimiento del 8,1 % del PIB, el peor descenso en cuatro décadas.

Los casi cuatro mil millones de dólares en deuda pública acumulada este año, apenas alcanzan para recoger una parte del déficit fiscal que se disparó por las enormes erogaciones para financiar los programas contra la covid-19 y los subsidios a trabajadores suspendidos y familias vulnerables.

Por el lado de los ingresos y del empleo colapsaron los sectores turismo, construcción, inversión extranjera, zonas francas y exportaciones nacionales, cuya recuperación en términos generales será lenta y tortuosa, aunque se observan signos de algún alivio.

El endeudamiento externo se mercadea como óptima receta ante una crisis que no ha tenido ribetes de desastre mayor gracias a medidas preventivas o de rescate emprendidas por el Banco Central y la Junta Monetaria que han mantenido la estabilidad cambiaria en carril de equilibrio.

Aunque a causa de la pandemia se reducen los flujos de capital hacia economías emergentes como la dominicana, los de renta fija se incrementan notablemente a través de la compra de bonos soberanos, tanto así que este año la deuda soberana en mercados emergentes alcanza 124 mil millones de dólares.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha advertido que ese monto resulta insostenible para economías de renta media, lo que hace temer que en corto o mediano plazo se desate una crisis de la deuda, de la que el país, cuyo endeudamiento sobrepasa ya el 60 % del PIB, no podría evadir.

En vez de transitar el camino fácil del endeudamiento por vía de colocación de bonos soberanos o con préstamos directos con organismos multilaterales, el Gobierno debería promover junto a otras economías emergentes el reclamo a organismos multilaterales de ofrecer asistencia financiera directa para afrontar la pandemia y financiar la recuperación económica, en el entendido de que el país no resiste aumentar su nivel de deuda ni en un dólar más.

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