Editorial

Ni un paso atrás

Aunque todavía no exista toda la capacidad conectiva necesaria para facilitar la educación virtual, la carreta del año escolar debe arrancar con los bueyes que tenga.

Este será el más crucial esfuerzo que se realizará para evitar que, sumidos en un largo e improductivo ocio, más de 2.8 millones de estudiantes se queden al margen del proceso de enseñanza y desaprendan lo aprendido.

Hay recursos tecnológicos y experiencias ya probadas para emprender un modelo de clases por radio y televisión y ahora por medio de laptops, tabletas o computadoras conectadas a internet.

En realidad, será un año escolar atípico.

No se trata de reproducir, al ciento por ciento, el esquema convencional de las clases presenciales en las aulas ni subordinarse a un currículo cargado de materias y a horarios de ocho horas (con tanda extendida).

La pandemia del coronavirus produjo lo que los norteamericanos llaman el Apocalipsis escolar. Es decir, la catástrofe del sistema convencional en la formación de estudiantes a todos los niveles.

Y ahora hay que empujar la carreta por un camino de virtualidad donde, en un futuro no muy lejano, veremos cambiar drásticamente los roles del maestro, el tipo de contenidos para el conocimiento humano, la utilización de robots para interactuar con los alumnos.

Abrir el año escolar en noviembre, con sus innatas carencias o imperfecciones, es la apuesta inevitable pero necesaria para que el país comience a dar sus primeros pasos hacia una modernidad de imprevisibles alcances y transformaciones jamás vistas.

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